Opinión

Zapatero hace las maletas

María Cano | Domingo 16 de mayo de 2010
Me gustaría saber qué piensan ahora todos los que durante meses e, incluso, años, porque esto de la crisis empieza ya a durar demasiado, han defendido a ultranza las políticas de este Gobierno. Esos mismos que, cerveza en mano, me han cantado cada fin de semana en la barra de algún bar esa canción tan bien aprendida que critica al PP, sus propuestas presuntamente antisociales y la locura de unos cuasi radicales enajenados de pretender recortar el gasto justo donde el PSOE, el partido amigo, jamás recortaría. ¡Ja!

Son los mismos que negaban la evidencia, liderados por Zapatero, cuando los demás esgrimíamos cifras, informes y opiniones. Los mismos que nos acusaban de alarmistas y apocalípticos a quienes no nos salían ampollas en la lengua por pronunciar la palabra “crisis” en voz alta cuando un buen día se convirtió en un término maldito que era mejor desterrar del vocabulario popular. Los mismos que presumían de dedo a modo de ceja y se hicieron fotos, muchas fotos y hasta un vídeo con el dedito arqueado sobre el ojo pero que han sido incapaces de echarse a la calle por un par de buenas razones o tres como un 20 por ciento de parados o la ausencia de medidas por parte del Ejecutivo que frenaran o mitigaran la debacle. Con lo que les gusta manifestarse y ponerse pegatinas...

Y ahora, ¿qué? ¿Qué pensarán cuando el Gobierno por el que han sacado pecho ha hecho justo lo contrario de lo que lleva predicando todo este tiempo? Ojo, no digo que no sea necesario, pero ¿cómo van a mantener su discurso si el presidente le ha dado la vuelta al calcetín dejando colgados en millones de labios un montón de argumentos que han perdido toda validez? Y, sobre todo, ¿cómo van a volver a confiar en Zapatero?

Las cifras hablan por sí solas. El País ha elaborado una encuesta este fin de semana que revela que la ventaja que le saca el PP al PSOE en intención de voto supera ya los 9 puntos. Es cierto que las medidas que este país necesitaba desde hace tiempo son impopulares y restan votos a quien las lleve a cabo, pero el presidente no sólo las ha puesto en marcha tarde y mal, sino que ha mentido de una forma tan descarada, tan reiterativa y durante tanto tiempo que ha dinamitado su propia defensa con la traición.

El pulso de la ciudadanía ha sufrido una arritmia que ha alterado su ritmo natural. Sin síntomas traumáticos ni crisis agudas. De momento, sólo con pequeños cambios imperceptibles a simple vista pero incuestionables bajo el microscopio. Como el de este fin de semana, que ha sido el primero que recuerdo en muchísimo tiempo en el que nadie ha defendido a Zapatero a la hora del vermú. Nadie. Ni sus boinas verdes. Y reconozco que el debate ha sido mucho más aburrido que en otras ocasiones porque, por una vez, estábamos todos de acuerdo. Tras reconciliar lo irreconciliable, sólo queda que Sonsoles termine de hacer las maletas y otro se achicharre las manos con esta patata caliente. Y espero que sea cuanto antes para que España y el vermú de los domingos vuelvan a ser lo que eran.

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