Lunes 17 de mayo de 2010
Más de medio millón de personas se congregaban hace pocas fechas en La Habana para disfrutar de la música de Juanes, Miguel Bosé, Víctor Manuel o Silvio Rodríguez, entre otros. En lo que fue bautizado por sus impulsores -Juanes y Bosé- como una “iniciativa por la paz”, artistas de reconocido prestigio cantaron en libertad. Esa misma libertad de la que carece Cuba desde hace más de medio siglo. Esa misma libertad con la que el intérprete colombiano se dirigió hace no mucho a los eurodiputados en el Parlamento Europeo, echando pestes sobre el gobierno de Alvaro Uribe. O esa misma libertad con la que Miguel Bosé, Víctor Manuel y otros tantos “comprometidos” se manifestaban durante el gobierno de José María Aznar formando parte de una cohorte de rencorosos painaguados que se parapetaban tras la pancarta del “No a la Guerra”. Ayer, también en La Habana, se celebraba el Festival Internacional de Poesía, otrora un certamen literario de prestigio y en la actualidad un mero altavoz de las consignas del régimen.
En los regímenes democráticos, gente como Juanes, Willy Toledo, Pilar Bardem o tantos otros pueden decir cuantas monsergas se les antojen acogiéndose a una libertad de expresión que no hay en la isla. Caso distinto es si intelectuales y actores de la talla de Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero o Antonio Resines se pronuncian en contra de la dictadura cubana, momento en el que se convierten en “enemigos de Cuba y asalariados del Imperio”. Pues no, las cosas no funcionan así. En democracia, todas las opiniones son válidas siempre y cuando se ajusten a unos mínimos límites de respeto y legalidad. La libertad de expresión va en una doble dirección, y no sólo en la que quiere el castrisno. En la Cumbre que se celebrará esta semana, el canciller Moratinos tiene una ocasión de oro para solidarizarse con tan justas demandas y, de paso, defender a unos compatriotas que han sido vilipendiados por un régimen totalitario. Aunque probablemente el señor Moratinos pensará que tiene mejores cosas que hacer: por ejemplo, dilapidar el dinero que no tenemos en una cooperación desconectada de nuestros intereses.