Religión

Ofensiva anticristiana en el Magreb

Expulsiones en cadena

Miércoles 19 de mayo de 2010
La expulsión de decenas de cristianos – unos predicadores y otros simples creyentes – de varios países del Magreb acaecida últimamente obedece en muchos casos a la necesidad de recomponer el espacio religioso interno, pero también son una respuesta del mundo islámico a lo que consideran « la nueva cruzada » de Occidente.


Las caricaturas ofensoras de los símbolos religiosos del Islam, en particular de su profeta Muhammad, los relatos hirientes que inundan internet y youtube, los trofeos antimusulmanes que esgrimen soldados occidentales en la guerra de Iraq o de Afganistán de los últimos años, han puesto en ebullición a la opinión pública del ámbito islámico que exige de sus líderes religiosos y políticos respuestas adecuadas.

Marruecos y Argelia, los dos países del norte de África más próximos a España y que cuentan con una nutrida comunidad de inmigrantes residentes en la península ibérica, han visto en ello la ocasión propicia para recuperar el control del espacio religioso interno fuertemente contestado por corrientes heterodoxas del islam oficial, como la Salafiya Yihadia y el chiísmo, o movimientos políticos ascendientes como el FIS argelino y el de Justicia y Espiritualidad marroquí.

En 2008 fue expulsado de Argelia el pastor y presidente de la Iglesia metodista Hugh Johnson que residía en el país desde 1963. Varias asociaciones de derechos humanos se movilizaron en contra de su expulsión arbitraria. Centenares de universitarios, intelectuales y ciudadanos firmaron una petición denunciando el crecimiento de la intolerancia y la violación de las libertades en particular la del culto, por parte de las Autoridades.

No fue el único caso. El padre Pierre Wallez, csacerdote católico de Orán fue juzgado y condenado a un año de cárcel por haber oficiado una misa para inmigrantes cristianos subsaharianos que se aglomeraban en Maghnia, cerca de la frontera entre Argelia y Marruecos.

El régimen de Abdelaziz Buteflika pretende poner freno al crecimiento constatado en los últimos tiempios de la comunidad cristiana en Argelia. La Iglesia católica estima en unos 4000 el número de fieles que hay en el país. Aunque las nuevas comunidades evangélicas que ya son 33, hablan de varias decenas de miles de practicantes regulares.

Por su parte en Marruecos, el 8 de marzo pasado, fueron expulsados oficialmente 16 extranjeros – oficiosamente se habla de una treintena - acusados de hacer proselitismo cristiano, lo que está prohibido por la ley. El clima parece cada día más hostil hacia la comunidad cristiana instalada en el reino alauita. Entre los expulsados se cuenta todo el personal de un orfelinato, « La aldea de la esperanza », situado en la cordillera del Atlas, que había recibido la visita del rey Mohamed VI en febrero de 2007. « Estuvo sólo cinco minutos en el pueblo de Ain Leuh, pero nosotros pasamos varias horas con los niños ateridos de frío y blandiendo las banderas esperándole », se puede leer en la página web del orfelinato.

Al igual que en Argelia, diferentes organizaciones evangélicas norteamericanas se han instalado en Marruecos desde la llegada al trono de Mohamed VI. Aunque la Iglesia católica calcula en 25 mil el número de fieles en su inmensa mayoría no marroquíes, la World Christian Database (WCD) estima que el cristianismo es ya la religión con mayor tasa de crecimiento en el Reino, y su número alcanzaría los 50.000.

Sin embargo no hay comparación numérica posible entre las comunidades religiosas existentes en Marruecos. Frente a las pocas decenas de miles de cristianos y los 7 mil judíos marroquíes, están los más de 31 millones de ciudadanos marroquíes todos ellos musulmanes.

La reacción intempestiva de las Autoridades tiene también un componente social importante. El trabajo que realizan las diferentes comunidades cristianas son « un mal ejemplo » para muchos funcionarios y organismos locales que administran los bienes públicos a menudo en su provecho o en el de sus parientes.

Todos los núcleos cristianos que actúan en el Reino, cualquiera sea su órden, realizan actividades sociales de primera necesidad. Las monjas franciscanas españolas que trabajan en Tánger y Tetuán, han instalado una guardería, un centro de formación profesional para chicas jóvenes y efectúan visitas a los presos en las cárceles. Los hermanos franciscanos también en Tetuán se dedican a trabajar con niños minusválidos y cuidan de los enfermos leprosos a los que curan las escaras.

Las misioneras de la Caridad en Tánger recogen a niños de la calle, se afanan con las familias pobres, disponen de una guardería popular y atienden a los enfermos terminales. « La gota de leche », una institución de acogida para recién nacidos abandonados, la llevan monjas españolas en pleno centro de la capital, Rabat, justo enfrente de la sede del ministerio del Interior.

Por su parte las 40 monjas de la Asunción que trabajan en Casablanca y Rabat, centran su actividad en ayudar a la Salud pública, donde trabajan y forman personal. Se ocupan además de las “madres solteras” junto con asociaciones feministas marroquíes; tratan a los enfermos de tuberculosis y se ocupan de la salud infantil. No sólo eso, sino que han puesto en marcha desde hace años un programa de alfabetización y han construído en Rabat una de sus más conocidas bibliotecas, “La Source” (la fuente).

Los sectores más retrógrados y corruptos del Majzén ven con preocupación este “mal ejemplo”. La recomposición del espacio religioso interno solo les ha suministrado la ocasión para desatar su “anticruzada”.

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