Carlos Arriola | Miércoles 19 de mayo de 2010
Mal empieza la semana al que ahorcan el lunes, reza el proverbio. Los primeros resultados de la elección del domingo 16 en el estado de Yucatán fueron desfavorables al partido del presidente Calderón, el PAN. La capital, Mérida, estuvo gobernada durante 19 años por dicho partido y era emblemática en el sureste mexicano, tierra de los antiguos mayas.
Estos comicios son los primeros de una larga lista que se resolverán en su mayoría el próximo 4 de julio en el que la apuesta es vital. Se trata, nada menos, de la sobrevivencia del PAN como partido nacional o su retorno a bastiones locales que caracterizaron la mayor parte de su existencia. Por ello, el PAN ha echado toda la carne al asador y no dudó en aliarse con la soi-dissant izquierda (el PRD) en varios estados de la República. Esta alianza, que la mayoría de los comentaristas políticos calificara “contra natura”, tuvo grandes costos iniciales al presidente Calderón le significó el distanciamiento del PRI que tiene mayoría en la Cámara de Diputados; al PAN y al PRD, divisiones internas y la salida de líderes regionales importantes. Por si faltara algo, el candidato del PAN a gobernador del estado de Aguascalientes fue inhabilitado por estar encausado. Sin embargo, un tribunal federal revocó la decisión del instituto electoral y el líder del PAN culpó al gobernador de la entidad de ser el autor de la maniobra. Lo insólito del asunto es que el gobernador es panista.
Estas chicanas son moneda corriente en las luchas por el poder, no así el ejercicio de la violencia que parece haber desbordado el ámbito de los conflictos entre bandas para invadir la vida civil y la política. El número de personas fallecidas, incluyendo niños y jóvenes, ajenas a los conflictos (y púdicamente señaladas como daños colaterales) va en aumento, al igual que la incidencia en los asuntos electorales y políticos. El jueves 13 el aspirante panista a presidente de un municipio fronterizo con Estados Unidos fue asesinado junto a su hijo. El presidente nacional del PAN, siempre oportuno, acababa de declarar que “no hacían falta medidas adicionales de seguridad para sus candidatos”. Dos días después la comitiva del candidato priísta a gobernador del estado de Chihuahua recibió varios balazos “por error” de parte de militares y en el ínterin el popular y carismático líder del PAN, Diego Fernández de Cevallos, “desapareció” en circunstancias peculiares, por decir lo menos. Era conocido que las relaciones entre éste y el presidente Calderón eran todo, menos cordiales. El “Jefe” Diego, como se le conocía, era un político cabal, de los pocos que en el PAN ha habido: brillante, ingenioso, espléndido polemista y parlamentario, mientras que el segundo siempre se caracterizó por su mediocridad y triste figura, preso de esa confusión entre religión y política, propia de los panistas mal llamados “doctrinarios”.
La irrupción de la violencia en la vida política del país apenas ha comenzado. ¿Hasta dónde estarán dispuestos a seguir sus autores? Éstos, además de contar con la iniciativa, disponen de múltiples medios para amedrentar a candidatos y votantes. Basta un atentado similar a los de Medio Oriente para provocar la abstención y, en un caso extremo, la suspensión o postergación de las elecciones. ¿Esto es lo que se busca? Aunque es imposible saberlo, “algo está podrido en Dinamarca”.
Las alianzas contra natura entre el PAN y el PRD fueron vistas como un signo de flaqueza y no como estrategia política. Las figuras de los presidentes del PAN y del PRD, sus discursos y actitudes contribuyeron a ello, pues proyectan una imagen de “buenas gentes” pero también una enorme ingenuidad. Y en política “lo que parece, es” repetía un hombre de letras y de poder, don Jesús Reyes Heroles. La clase política, líderes locales, regionales y nacionales olfatean a los ganadores y por ello no es de extrañar que las encuestas levantadas al inicio de las campañas otorguen por doquier el triunfo al PRI. Naturalmente, en 45 días los porcentajes podrán modificarse, tanto por el desempeño de los candidatos como por acontecimientos ajenos, tal y como ocurrió el año pasado en el estado de Sonora con el incendio de una guardería en el que perecieron 49 niños, acontecimiento que trastocó las tendencias electorales en esa entidad para favorecer a la oposición, en este caso el PAN.
La democracia es frágil y requiere de ciudadanos convencidos. La escasez de éstos es alarmante, y, más aún, el poder de las oligarquías, del crimen organizado, de la Iglesia y de otros grupos adversos a la reducción de las desigualdades o de plano enemigos de la modernidad. El futuro del país no es tan prometedor como lo pinta el presidente Calderón.
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