Opinión

Chaves cabalga de nuevo en Andalucía

Rafael Sánchez Mantero | Lunes 10 de marzo de 2008
El resultado de las elecciones al Parlamento andaluz estaba cantado. Nadie daba un duro por Arenas y lo que estaba previsto se confirmó la noche del domingo. Nueva mayoría del PSOE y nuevo mandato de Chaves: es decir, veintidós años ininterrumpidos en el poder.


En el debate que se celebró entre los dos candidatos en Canal Sur, Arenas le preguntó a su oponente si le parecía bien estar tanto tiempo en el poder. Si no era conveniente para la democracia un cambio. Chaves contestó hábilmente que eran los andaluces quienes le habían votado en todas las ocasiones y mientras que lo votasen él permanecería encabezando el Gobierno andaluz. Y tenía razón. Ésa es la democracia. Lo que hay que cuestionar es la actitud de esa mayoría que lo vota sistemáticamente cada vez que hay elecciones. Si Andalucía se hubiese convertido en una región próspera, en la que todo marchase bien, con una sociedad dinámica de alto nivel económico, con perspectivas laborales para los jóvenes, con niveles de excelencia en la educación, sería explicable el inmovilismo de los votantes. Pero lo malo es que no es así. Andalucía está más atrasada que las otras Comunidades Autónomas de España y por debajo de la inmensa mayor parte de las regiones de la Unión Europea en todos los sectores. Y aunque ha avanzado, ha seguido quedándose atrás, pues los demás han corrido a más velocidad. Así es que la continuidad de Chaves hay que relacionarla con la autocomplacencia de muchos andaluces que piensan que ¿para qué cambiar? Mejor seguir así que asumir el riesgo de un relevo. Vivimos en el mejor de los mundos. Y esa actitud es preocupante, porque además de autocomplacencia, significa conformismo, desidia e indolencia, calificativos con los que peyorativamente definen algunos a los andaluces. Es cierto que son las elecciones el elemento sustancial de los sistemas parlamentarios y democráticos y son sus resultados los que deciden sus gobiernos, pero también el cambio y la alternancia son esenciales para la buena salud de la democracia.

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