Opinión

Turquía está en Asia, no en Europa

Domingo 23 de mayo de 2010
Las relaciones entre países fronterizos no siempre son fáciles. Hay, sin embargo, una excepción a esta regla; excepción, además, vista con recelo por gran parte del mundo occidental: el buen entendimiento que reina entre Turquía e Irán. Más concretamente, entre el régimen de Reccep Tayyip Erdogan y el de Mahmud Ahmadineyad. De hecho, el acuerdo al que han llegado en fechas recientes Irán y Brasil en materia nuclear incluye también la firma de Turquía, maniobra ésta algo torpe si lo que pretende Ankara es acercarse a Europa. De hecho, el citado acercamiento es una constante de la política otomana durante los últimos años, aunque hasta ahora sin éxito.


Hay razones por las que ponen en duda el modificar el actual statu quo. En primer lugar, y geográficamente hablando, Turquía está en Asia. Pocos lazos que la unen con el Viejo Continente; cultural y religiosamente, presenta muchas diferencias. Precisamente el elemento religioso es un factor digno de tener en cuenta, toda vez que la inmensa mayoría de la población turca -más de 70 millones de habitantes- es musulmana, y de un tiempo a esta parte han empezado a proliferar ciertas manifestaciones de islamismo radical tan preocupantes como ignoradas por un Erdogan al que no parecen incomodarle demasiado. Está también el tema de los derechos humanos, asunto éste en el que no acaban de vislumbrarse muchos progresos. En este sentido, hay que añadir el problema kurdo, así como el chipriota y las difíciles relaciones con Grecia. Motivos todos ellos con peso suficiente como para poner más de un interrogante a cambio alguno de la situación.