Opinión

Cuaderno de bitácora II

Pedro J. Cáceres | Domingo 23 de mayo de 2010
Era la semana de la Feria. En ella tres carteles con argumentos de primera plaza del mundo, y tampoco ha dejado satisfecha a la afición.
El catastrofismo es el pecado común de cualquier afición, como ésta, que se cree que la salvación de la tauromaquia la tiene en su cabeza y pasada a limpio en un block sobre la mesita de noche.

Pero han pasado cosas todo depende que se mire la botella medio llena o medio vacía.
Una corrida irreprochable de presencia y juego de Puerto de San Lorenzo con la que la terna no se entendió. El Cid en caída libre, Castella, por debajo de su condición “napoleónica” y Pinar desbordado. No se puede reprochar a la terna su disposición y querer, pero o no supieron o no pudieron, que puede ser más grave y frustrante.

Tres toros buenos de Núñez del Cuvillo, y el resto manejables, que tuvieron el infortunio de sortearlos de más a menos y no al contrario. Conformismo incomprensible de Curro Díaz. Oreja, más emotiva, de voltereta, que rotunda a Perera por su coraje y un trofeo negado, con dos pañuelos menos que Perera, a Talavante, correcto pero a “punta de gas”, insuficiente.

Y dos toros de Juan Pedro notables, uno monjil y otro de Gavira, pastueñón, en tarde de descalzaperros ganadero y marcada por la gravísima cornada a Julio Aparicio a quien le correspondió el lote destacado, quedando inédito el primero y suponiendo el sexto la tabla de salvación de El Cid.

Aparicio y El Cid vs Gerardo Diego

“En un pitón lleva la suerte y en otro anida la muerte”, Poema del toreo, Gerardo Diego (1.963). La “parca” rondó por Las Ventas. La tecnología punta hizo estragos. La foto del pitón saliendo por la boca de Julio Aparicio era “guernikarra” y se pasaban los “móviles” de mano en mano ante el estupor: una imagen vale más que mil palabras.

No había hecho más que comenzar la faena de muleta del primero de la tarde. Un toro, muy bajo y bien hecho, de Juan Pedro Domecq, que apuntó clase desde salir por chiqueros y al que el madrileño le había saludado majestuosamente con medios lances “apaulados”. Le había desahogado por alto, seguro, tranquilo (venía feliz a Madrid tras cortar las dos orejas a un toro el día anterior en Nimes) y desafiando a las rachitas de viento se lo sacó a los medios cuando el animal le medio derribó con una pata, intentó incorporarse el torero pero repitió el animal por lo que intentó protegerse con la muleta pero sin fortuna, el toro hizo por él y le infirió la grave, desagradable y morbosa cornada. Morante, tímidamente –respetuoso con el compañero herido- disipó, en tres o cuatro muletazos, suaves y mecidos, cualquier duda sobre la calidad del “juanpedro”.

La otra corrida, la de las doce de la mañana, hora del sorteo, era para Aparicio. A partir de ahí se desbarató la tarde. Los cambios de turno, la desigualdad de hechuras de los “funos”, su falta de fuerza, la suelta de sobreros de otros dos hierros, la decisión de Cid de echar por delante sus toros y dejar el sorteado 4º para cerrar plaza y que a la postre fue en extraordinario ejemplar por el pitón derecho.

Aparicio había tentado la suerte con tino, pero ésta no da resquicio a lo preconcebido para en sus caprichosos cambios de sino, sin explicación científica que lo sustente, seguir alimentando, de forma macabra, su “prestigio” de veleidad imprevisible. Y al igual que el infortunio se lo encuentra uno sin argumentos terrenales posibles, la fortuna, para que te sonría te tiene que pillar preparado sobre los cimientos de la fe…en uno mismo. Lo hizo El Cid, tras ser muy cuestionado desde hace meses. Su feria había pasado mediocre y, como el “Alcoyano”, a pesar de todo, pidió prórroga. Su intachable hoja de servicios en esta plaza y a la tauromaquia se impuso al “sentido común” que desaconsejaba fuera el sustituto de Manzanares provocando una especia de boicot en sus turnos de actuación pasados por sms incluseros de responsabilidad. El despropósito no hubiera prosperado, por desagradecido, grosero y abyecto, pero en cualquier caso la tarde estaba para El Cid que con los cambios de turno creo la confusión en los reventadores. Echó su primero por delante, un toro tan noble como soso, y le sirvió para, asentado y seguro de lo que se jugaba, apuntar a “sus fueros” y ganarse su primera ovación. Volvió a tener en el sobrero de Gavira un animal que sin propiciarle el triunfo esperado para reivindicarse le sirvió para dar otro paso más. Vencida la tarde con un Morante impotente ante un “equino” impropio de aprobar para festejo de lidia y un “tris”, sobrero, de Camacho (otro caballo, pero de fotógrafo) en el que dibujó lances de aviso sobre sus pretensiones de ser el “capo” de esta feria, salió ese toro que burló los designios humanos y birló a Aparicio para ofrecer a Cid no solo la extremaunción “in articulo mortis”, según muchos agoreros, si no la bendición de Dios con un pitón derecho al que Cid en su mejor versión, el tópico entendía tan sólo de “su zurda”, exprimió con espera, cadencia, largura, temple, remate y ligazón en cuatro series; cabeza fría para ponerse lo justo por un izquierdo más áspero, y medir la ambición, porque en su casuística puntual una oreja suponía un “carguero” de oxígeno…para todos. Tanto que ahora, si hubiera que sustituir a Aparicio, debería ser la afición la que pidiera la comparecencia de El Cid.

También se fue “viva” la de los Bayones del domingo pasado. Quizá con la de Puerto de San Lorenzo la más completa, si bien fue corrida para toreros más que dechado de bravura y raza. Ni Picazo ni Emilio de Justo (tres avisos) ni Israel Lancho aprovecharon ocasión difícilmente repetible.

De por medio, una corrida de relleno con los de Baltasar Ibán de pobre juego, cierto; solo el segundo tuvo cosas más aprovechables, pero, siendo positivos, un punto, no suficiente, por supuesto, pero por encima de sus ultimas actuaciones. Tampoco es mentira que la terna, Eugenio de Mora, Serafín Marín y Luis Bolívar se esforzaron por pegar pases, pero la corrida necesitaba ayuda mayor que dejarlos pasar y acompañarlos con la muleta.

Sin embargo Eugenio de Mora dejó dos estocadas de libro. La del 4º posiblemente irrepetible y por lo tanto de premio de feria.

La novillada del lunes resultó un contrafuero. Por novillos, moruchos de un “enchufado” Moreno Silva. Solo faltaba para el “circo romano” que el responsable de la novillería de Taurodelta, negado desde que tomó posesión como tal, dispusiera acautelar a tres toreros sin más base que su curriculo engordado a costa de “ponencias”, montajes y cambios. Cohechos y prevaricaciones. Pero lo penoso fue, no por no esperado, cómo se “clareó” la ilustre afición de Madrid aplaudiendo a los moruchos,. Si eran más previsibles las crónicas favorables a la moruchería por el sector afín.

Bajó el espectáculo de ayer, sábado, de los rejones por mor de la mansadita de Flores Albarrán. Cumplió Sergio Vegas e hicieron un esfuerzo tanto Ventura como Leonardo para abrir la Puerta grande. Ventura, al tran tran, con una oreja de poderío y técnica en cada toro y Leonardo por la espectacularidad en la eficacia del rejonazo de muerte que le valió dos “moqueros” del señor presidente, el que a los de a pie les mide de otra forma y les esconde la que otorga el público. Será que el “usía” valora más matar toros afeitados que en puntas... ya lo dijo ¿El Guerra?, “hay gente pa tó”.

La verdad, por encima de estados de ánimo, es que el envase está mediado y que el contenido no pasa de ser cosecha del año, cuando S. Isidro, por su importancia debe destilar de reserva a gran reserva, pero de ahí a tildarlo de vino peleón puede responder a muchas cosas: falta de memoria respecto de otras ferias anteriores, intereses espurios, ganas de hacer ruido, o la cacería al Pellegrini de Las ventas sin que en este caso se vea quien puede ser el Mourinho de turno.

Puede ser también que las figuras no estén dejando eco ni huella, y son el reclamo de un público cada vez menos buen aficionado y que, en consecuencia, desestima más al toro.

Y es que hay un dato claro. A lo mejor los toros no están embistiendo como quisiéramos pero algunos, ya va más de una docena están embistiendo.

Los que cada vez embisten menos son los toreros: alguno, uno o ninguno.

Me contradigan: 5 orejas…alguna o casi todas de aquella manera. ¡Ea!

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