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La Unión por el Mediterráneo fracasa de forma estrepitosa

Sarkozy y Zapatero intentan resucitarla

Martes 25 de mayo de 2010
El proyecto estrella de Nicolás Sarkozy de crear un espacio mediterráneo afín a los intereses franco-europeos, no ha superado su primera prueba de fuego. La confluencia de la crisis económico-financiera y la persistencia del conflicto israelo-árabe-palestino han dado al traste con la convocatoria de una cumbre de la UPM en Barcelona para primeros de junio. Se deja para noviembre.

El presidente Rodríguez Zapatero contaba con la reunión de Barcelona del 6 de junio para redorar su imagen internacional. El fracaso de la cumbre Unión Europea y Estados Unidos por el rechazo de Barack Obama en asistir y los resultados contradictorios del encuentro entre la Unión Europea y los países de Iberoamérica, han supuesto un revés para el Presidente español. Por ello, contaba con la cumbre de Barcelona, en la que 47 países (los 27 de la Unión Europea, Turquía, Israel y los países árabes ribereños del Mediterráneo) debían sentar las bases firmes del espacio común del Mare Nostrum. La Moncloa puso todo su empeño en conseguirlo, y el jefe de la diplomacia Miguel Ángel Moratinos hizo lo posible para convencer a sus interlocutores de la orilla sur, de acudir a la ciudad Condal, aunque sólo fuera para la foto de familia.

En los círculos diplomáticos magrebíes se da como válida la versión española de que el fracaso de la cumbre y su postergación para el mes de noviembre, se ha debido esencialmente "al conflicto israelo-palestino". La presencia del ministro de Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, originó una negativa frontal de países como Egipto o Siria, que amenazaban con boicotear el encuentro si el ultra ortodoxo ministro hebreo acudía a Barcelona.

Sin embargo, los medios de comunicación tanto franceses como españoles han pasado por alto el rechazo de Argelia a una institución, la UPM, que "sirve los intereses de Francia en primer lugar, y quizás los de Europa en general". Desde un primer momento, el régimen de Abdelaziz Buteflika se opuso a participar en el fasto. La negativa argelina a sumarse al consorcio franco-hispano-egipcio de la UPM, hizo estallar la primera crisis en el proyecto multinacional.

Pero las reticencias ante el plan francés no han venido sólo de los países árabes. Italia, miembro del G8 y una de las potencias económicas más importantes del continente europeo, no ve interés en adherir a un proyecto que trae más problemas que beneficios. La Secretaria de Estado de Asuntos Exteriores italiana, Stefania Craxi, ve más interés en el foro 5+5 que en la UPM. La hija del que fuera primer ministro italiano el socialista Bettino Craxi durante dos mandatos consecutivos en los años 80, ha viajado esta semana a Argel para preparar el encuentro de los ministros de Exteriores de los dos países. Franco Fratini y Murad Medelci, tienen que elaborar una apretada agenda para la cumbre italo-argelina de antes de finales de año.

El Ejecutivo italiano tiene prisa para concretar acuerdos y planes de futuro entre los dos países. Abdelkader Messahel, el ministro delegado de Asuntos Exteriores, ha detallado a su homóloga italiana, la señora Craxi, el plan quinquenal aprobado por el Consejo de Ministro presidido por Abdelaziz Buteflika. Las cifras hacen palidecer las restricciones impuestas por la crisis en Europa. 286.000 millones de dólares, de los cuales 130.000 millones para los proyectos de infraestructuras ya en marcha, y otros 156.000 millones para nuevos proyectos. El pragmatismo italiano no se ha hecho de rogar. Roma apuesta decididamente por la cooperación 5+5, que reúne a los cinco países de Europa meridional (Portugal, España, Francia, Italia y Malta), con los cinco de África del Norte (Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia). Prefiere la diplomacia bilateral y los contratos directos, a un hipotético organismo que englobe el conjunto Mediterráneo.

Una lección para España, se estima en medios diplomáticos. Tanto más que el marco regional del oeste mediterráneo, permitirá a Italia discutir con sus interlocutores del sur, en este caso con Argelia, de problemas precisos como la inmigración ilegal, el medio ambiente, la pesca, el crimen organizado y la cooperación en materia de seguridad.

Stefania Craxi no se ha andado con rodeos y se ha distanciado de la política española y francesa en materia de tratamiento del asunto de los secuestros. La Secretaria de Estado romana ha apoyado la iniciativa argelina de criminalizar el pago de rescates a las bandas de secuestradores. Más aun Stefania Craxi ha saludado la iniciativa de Brasil y de Turquía para resolver el problema nuclear iraní, distanciándose aquí también de las posiciones más intransigentes de Occidente. Algo que ha sonado muy satisfactorio a oídos argelinos.

¿Será capaz el gobierno español de aprender la lección italiana, y dejar de seguir de segundón en los planes franceses de una Unión por el Mediterráneo que ha entrado en hibernación? Al fin y al cabo se entienden los intereses de París: centrales nucleares, tren de alta velocidad, energía y venta de armamento. Pero ¿y los intereses españoles?

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