Opinión

Los “asilvestrados” del PP

Alicia Huerta | Miércoles 26 de mayo de 2010
Dice la vicepresidente primera del Gobierno que en el bando del PP andan asilvestrados a causa de lo que ha denominado “ceguera electoral” y, después de escucharla, a uno enseguida le viene a la mente ese refrán tan “british” que dice: “People who live in glass houses shouldn’t throw stones”. Algo así como lo de la pajita en el ojo ajeno y el pedazo de viga en el propio. Nadie como el actual Ejecutivo ha gobernado tanto pensando en los votos, dilapidando, sin pudor, los dineros del Estado para asegurarse aquellos que pensaba que no tenía totalmente de su parte y untando a las autonomías para comprarles su apoyo. Demagogia siempre al poder.

Que Mariano Rajoy y su gente no lo están haciendo bien como oposición a un Gobierno incapaz y nefasto, es ya bastante obvio. Rajoy sólo sabe sacar pecho cuando se encarama a la tribuna del Congreso, al agradable calorcito de un microclima que domina como el mejor de los parlamentarios. Pero, ¿y después? En la calle no convence, no es capaz de acorralar a un adversario moribundo y contra las cuerdas. De modo que sí, que De la Vega no se equivoca demasiado cuando tilda de “asilvestrados” a los políticos del PP que, a falta de un líder como el que necesitaría el partido en la oposición de un país al borde de la ruina, sólo les queda liarse a dar golpes en la pulida madera del Senado y chillar a Zapatero que dimita para que su jefe, que es el que sabe, arregle todo este desaguisado.

Es verdad que cuando Zapatero anunció en el Congreso sus polémicas y chapuceras medidas de recorte, don Mariano estuvo sembrado y propuso otras, como la supresión de inútiles ministerios que, por otra parte, cualquiera con un poco de sentido común considera necesaria. Sin embargo, su intervención quedó diluida en los resúmenes que de su discurso hicieron en los informativos y que son lo máximo que, en realidad, soporta la inmensa mayoría de españoles de los debates políticos, tan aburridos todos ellos, sin los suculentos cotilleos de la Pantoja, la Zaldívar o la Campanario.

Pero después de la oratoria, don Mariano, absolutamente nada. El líder de la oposición no se descamisa para, por ejemplo, saltar a la palestra de la opinión pública convocando una manifestación en la que porte una pancarta con el lema: las diez, o quince o veinte, soluciones que propone el PP para recortar el déficit y combatir el paro de manera inmediata. Unas medidas concretas que debería explicar, con ese don de la palabra que Dios le ha dado, subido, con aplomo y energía, a una tarima en la Puerta del Sol para que le oigan todos, incluso aquellos que del edificio de los leones no quieren saber nada.

Con un Gobierno que ha demostrado una y mil veces que no sabe, ha de ser la oposición la que diga bien clarito lo que estaría dispuesta a hacer desde el minuto cero para que España no se quede a la cola de la recuperación en la Unión Europea. Sí, es verdad que la responsabilidad no es de quien no gobierna, pero repetirnos una y otra vez que Zapatero lo hace mal, empieza a sonar a discurso vacío. Ya lo sabemos. No se raye, Sr. Rajoy. Salga a la calle, convoque a los medios y a sus afiliados, cite a empresarios y a sindicatos, acuda a los platós, conceda mil entrevistas, cuente con pelos y señales su fórmula para sacarnos de la crisis y, luego, ponga toda la carne en el asador para que se adelanten las elecciones. Déjese ver, don Mariano. Y, sobre todo, saque del partido a todo sospechoso de resultar un lastre para que el PP pueda presumir de verdad de ser como la mujer del César. En definitiva, haga algo.

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