Antonio D. Olano | Jueves 27 de mayo de 2010
Jaime Salóm, como buen catalán españolista, es uno de los mayores autores teatrales del penúltimo siglo ya consumido y de los diez años que le estamos consumiendo al Siglo XXI que nos ha tocado someter a prueba y cala como se hacía con los melones. Alguno de ellos, desgajado de la planta de Villaconejos, nos dijeron que era dulce…y amargaba. Si, como la suegra de una de las comedias de altos vuelos y lujoso salón, escritas por don Jacinto Benavente.
Salóm, oftalmólogo de renombre dentro y fuera de Barcelona amaba su profesión; pero estaba dispuesto a dejarlo todo para dedicarse al teatro. Gastó sus ahorros en construir una sala escénica en su ciudad natal y envió a sus comedias a probar fortuna en los principales escenarios del mundo.
Ninguna comedia española alcanzó las representaciones, las versiones cinematográficas, los galardones de “La Casa de las Chivas” tal vez conocida del autor del autor de “Tiempo de espadas”.
La Real Academia Española de la Lengua, que galardonó con sus máximos premios a Salom, todavía no ha encontrado para él un sillón en el que acomodarlo. Para que ayude a limpiar y contribuya al esplendor de la docta casa. Recojo los deseos de muchísimas personas que me comunican su extrañeza por el ninguneo al que se condena a una de las figuras señoras y señeras de la Literatura española. Y con trascendencia constante en escenarios del universo mundo.
En estos momentos reside en Nueva York, ciudad que frecuenta una lo dos veces al año y en la que se le abren muchas puertas de los teatros en escenarios, editoriales, productoras de televisión, de cine…
Volverá a Madrid, su residencia permanente, a finales de junio porque en el “Círculo Catalán”, el 28 de junio a las siete y media de la noche, presentará sus novelas “Las rayas blancas” y “Danza de las horas”, éxito editorial de “Visión-Libros”.
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