Este viernes, Inter de Milán y Real Madrid llegaron a un acuerdo mediante el cual José Mourinho se convertirá en el octavo técnico contratado bajo la presidencia de Florentino Pérez y el quincuagésimo segundo en la historia del conjunto de Chamartín.
Para justificar el despido del chileno
Manuel Pellegrini, con sus preceptivos cuatro millones de finiquito, y el desembolso de otros ocho millones de euros para traer al técnico luso,
Florentino Pérez esgrimió que “la estabilidad la dan los títulos”, saltándose el discurso del “proyecto a tres años” que esgrimió en la presentación de su candidatura a la presidencia del
Real Madrid.
Lo cierto es que si busca títulos,
Mourinho parece asegurarlos. Desde que tomó el mando de la plantilla del Oporto, en 2002, el luso consiguió en dos temporadas dos ligas portuguesas, una copa de Portugal, una copa de la UEFA y una Liga de Campeones.
Tras su éxito portugués, fue el encargado de mejorar el proyecto del
Chelsea de Abramovich. En su primera temporada consiguió la Carling Cup y la Premier League,
después de cincuenta años sin celebraciones.
En su segundo año volvió a ganar la Premier, y cuando le entregaron la medalla de campeón la lanzó a la grada. Le volvieron a dar otra y repitió la acción. Cuando fue preguntado por el gesto dijo que ya tenía una igual del año anterior y que la de ese año
la quería compartir con la afición.Durante la temporada 2006/2007 volvería a repetir triunfo en la Carling y ganaría por primera vez la FA Cup, pero el
Manchester le arrebató la Premier y la Liga de Campeones, el verdadero sueño del magnate ruso, se seguía resistiendo. El 20 de septiembre de 2007 Mourinho abandonó el club londinense sin dar ninguna explicación, causando el malestar en los aficionados.
La siguiente temporada, pese a los deseos de Real Madrid o Barcelona, Mourinho se convirtió en
el técnico mejor pagado del mundo al aceptar la oferta del
Inter de Milán por nueve millones de euros al año, aumentados a doce el segundo.
En su primer año en Italia ganó la Supercopa y el
Scudetto. Y en su segundo y último año haría historia al conseguir el triplete al alzarse campeón de Liga, Copa y Liga de Campeones, devolviendo la gloria europea al club “neoazzurro” cuarenta y cinco años después.
Nada más terminar la final, el futuro del portugués estaba escrito.
“Me voy, estoy cansado de Italia”, mencionó sobre el mismo césped del Santiago Bernabéu minutos después del pitido final. Su siguiente destino no podía estar más cerca: el Real Madrid le esperaba.
"Tampoco Jesucristo era simpático para todos, así que imagínate yo"La fama de polémico de Mourinho está bien ganada. En un
repaso a sus declaraciones en rueda de prensa a lo largo de sus periplos en Inglaterra e Italia encontramos numeroso ejemplos del carácter del portugués.
Durante su estancia en el Chelsea, mantuvo varios cruces dialécticos con los otros grandes entrenadores de la Premier. El más destacado fue con
Arsene Wenger, entrenador del Arsenal.
"Creo que Wenger es una de esas personas que en Inglaterra llaman voyeur”, dijo del francés. “Le gusta mirar a otras personas, hay algunos tipos que cuando están en su casa, tienen un enorme telescopio para ver que están haciendo otras familias", concluyó el portugués.
Preguntado por su comparación con los entrenadores de los tres grandes clubes de Inglaterra, Mourinho contestó: "Por favor, no me llaméis arrogante, soy campeón de Europa y
creo que soy especial". Para rematarlo con un "Wenger, Ferguson y Benítez nunca serán tan especiales como yo".
Sobre Rafa Benítez y la sequía de títulos del Liverpool llegó a decir: "¿Tres años sin ganar ninguna Premier? No creo que yo todavía tuviese trabajo".
Si en Inglaterra fue polémico, en su etapa como técnico del Inter de Milán superó sus propios límites.
Con
Claudio Ranieri mantiene una guerra de declaraciones que perdura hasta la actualidad. El portugués, que sucedió al italiano como técnico del Chelsea, valoró la adaptación de ambos en clubes de otros países de la siguiente manera: "He estudiado italiano cinco horas al día durante varios meses para asegurarme que podría comunicarme con los jugadores, la prensa y los aficionados”, dijo a su llegada a Italia.
“Ranieri ha estado cinco años en Inglaterra y todavía lucha para decir buenos días o buenas tardes", zanjó.
Para su rival de ciudad, el Milan de Berlusconi, se reservó una de sus mejores perlas: "Hay muchos clubes y entrenadores que han conquistado la Champions, incluso hay quien lo ha hecho dos veces”, empezó el portugués. “Pero
existe un solo equipo y un único técnico que ganaban 3-0 y después han perdido la final", remató Mourinho recordando la final perdida contra el Liverpool.
Para otro de los grandes del Calcio, la Juventus, también tiene: "¿Si la Juve me preocupa?
Mirad las ojeras que tengo, no duermo por las noches", contestó cuando se le preguntó por el rival blanquinegro.
Pero más allá de las críticas a sus rivales, que algunos analistas consideran incluso acertadas ya que valoran la capacidad del luso para acaparar la atención y aliviar la tensión de los jugadores, lo que no tienen tan claro los mismos analistas es el ego del portugués.
Hay varios ejemplos que aclaran ese sentido, pero destaca uno sobre cualquier otro: "No soy el mejor del mundo, pero c
reo que no hay nadie mejor que yo". Frase que acompañada de esta otra: "tampoco Jesucristo era simpático para todos, así que imagínate yo", deja claro el carácter del entrenador.
Ese carácter de polémico y alborotador que le acompaña también ha provocado que hasta
sus buenas acciones sean vistas con recelo. Durante un encuentro, el alcalde de Reggio Calabria criticó al portugués por dar una moneda a un niño discapacitado. Cuando fue preguntado por ello, Mourinho declaró que lo que le había dado era un crucifijo que le regaló su mujer y que había llevado en el bolsillo durante cuatro años. “Evidentemente, tengo mala suerte, incluso cuando hago un gesto afectuoso me critican", terminó de aclarar.
Héroe para sus aficionados y enemigo para sus rivales, genio de las ruedas de prensa y un ganador en los terrenos de juego. Así es el nuevo entrenador del Real Madrid, el octavo de la era Florentino.
"Mirad mi corte de pelo, estoy preparado para la guerra", dijo en su momento. El Barcelona de Guardiola le espera.