Nacional

Los planes de CiU

Salvó al Gobierno, pero no descarta ser en unos meses su verdugo

Jueves 03 de junio de 2010
Convergència i Unió prorrogó el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero con su indulto en el Pleno del 'tijeretazo'. Sin embargo, no ha parado de golpear verbalmente al Ejecutivo, en concreto su presidente, con llamadas constantes a la dimisión y alusiones a su muerte política. Muchos encuentran en Duran i Lleida a un estadista desde el nacionalismo; otros, a un genial estratega de cara a los comicios catalanes que, pasadas las elecciones, echará una mano para derribar al Gobierno y plantear una moción de censura.

Josep Antoni Duran i Lleida es un hombre respetado en Madrid. Incluso en momentos de especial dureza dialéctica como el actual, el resto de partidos del arco parlamentario son conscientes del peso del líder catalán y, por supuesto, de los diez escaños de su Grupo en la Carrera de San Jerónimo.

El tono de Duran ha cambiado, es evidente, como también lo ha hecho, probablemente de forma irreversible, su percepción de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo salvó de la quema la semana pasada, al abstenerse sus diputados en la votación del ‘tijeretazo’, pero no está dispuesto a que continúe en el poder por mucho tiempo más. Hay dos teorías que intentan explicar esta contradicción: la que habla de un Duran estadista que evitó la intervención de España por parte de la Unión Europea y la que insta a esperar a la conclusión de los comicios catalanes, cuando, según estas voces, el líder de CiU en la capital apoyará toda iniciativa en pro de dar carpetazo a la legislatura e incluso se postulará como candidato en una hipotética moción de censura.

En un reciente acto en Vic, CiU se ocupó de justificar la abstención en materia de recortes. Duran i Lleida fue el interviniente más aclamado por los 12.000 militantes y simpatizantes que se congregaron. Debía explicarse ante muchos de ellos, que no comprendieron el movimiento del partido en el Congreso de los Diputados. “Nos abstuvimos para evitar un mal mayor", resumió el portavoz convergente, al tiempo que proclamó que CiU había “salvado el euro".

Artur Mas continuó con esta línea argumental al explicar al aforo que, si no tomaban esa decisión, “España quedaba intervenida en pocos días tal y como le pasó a Grecia". El aspirante a la Generalitat asumió el papel de representante de un partido que cree en el Estado y expresó que, pese a que están “habituados” a solventar cuestiones complejas, la del ‘tijeretazo’ fue “de las más delicadas en los últimos años”. Mas confesó sentirse “plenamente orgulloso” de su formación por haber salido del paso con “responsabilidad”. Concluyó con un nuevo halago a la postura estadista de su partido en Madrid: “Desgraciado el país en el que una fuerza muy importante y decisiva como CiU no tenga estas actitudes".

Bancada del Grupo Catalán, durante una sesión. Manuel Engo


“Si alguien le tiene ganas a Zapatero, soy yo”
No todos lo ven así. Mariano Rajoy cuestiona el sentido de Estado de los convergentes y lamenta que hayan “prolongado la agonía del Gobierno”. Para el presidente del Partido Popular, se ha perdido una gran oportunidad para alejar del poder a Rodríguez Zapatero. En clave autonómica, la jugada de CiU se contempla como un intento de demostrar el poder del partido en Madrid, su capacidad para influir desde Cataluña en la política nacional a las puertas de unas elecciones en las que Artur Mas acaricia la mayoría absoluta.

La presencia de los comicios es la que, en palabras de los críticos, retrasa que CiU tome la misma determinación que las grandes formaciones del hemiciclo: votar por un cambio de Gobierno. “No creemos en el actual Ejecutivo, como no cree nadie, lo que pasa es que hay unos que actúan en consecuencia y otros que no actúan en consecuencia, ésa es la diferencia", afirmó un Mas que reconoce haber confiado “más de lo que debía” en Rodríguez Zapatero, y a quien Duran advirtió desde el principio de su debilidad como líder.

El portavoz de CiU en el Congreso conoce bien al presidente del Gobierno y estima que, a estas alturas de legislatura y sin opciones de lograr inyecciones económicas para Cataluña sino todo lo contrario, la confianza en él se ha agotado. Para Duran, Rodríguez Zapatero es ya un “cadáver político”, palabras con enorme resonancia mediática pero que desde determinados sectores han vuelto a él en forma de pregunta: ¿Por qué, entonces, perdió la oportunidad de oficiar el funeral? CiU sigue apoyándose en el término ‘responsabilidad’, pero las manifestaciones de sus dirigentes son tan inequívocas como desconcertantes los hechos. “Si alguien le tiene ganas a ese personaje, soy yo, pero yo no estoy en política para vengarme de nadie”, argumenta Mas.

De este asunto no sólo se extraen conclusiones de las palabras; los silencios sugieren certidumbres muy interesantes para el corto plazo político, si por corto se entiende el tiempo que resta hasta otoño, cuando se celebren elecciones en Cataluña. Después, la moción de censura toma forma y la figura de Duran como alternativa cobra fuerza. Otra cosa muy distinta es lo que el Congreso vote. Llegados a este punto, ya en noviembre-diciembre, las opiniones se vuelven a dividir en dos: CiU se sumará al resto de grupos para poner fin a la legislatura o CiU rebajará el discurso y volverá a tender puentes de entendimiento con el Ejecutivo. La segunda de las opciones parece descartarse por sí sola a tenor de las palabras de los dirigentes catalanes, mientras que la primera no contaría con el respaldo de las dos principales fuerzas –del PSOE por motivos obvios y del PP porque pretende ser la alternativa y no aceptaría las aspiraciones de Duran-.

No obstante, si los convergentes mantienen el tono después de la cita electoral, marcada en rojo en el calendario por el Gobierno, la opción de una moción de censura, aunque no triunfara, generaría de nuevo un clima de inestabilidad esta vez menos llevadero para un Ejecutivo sin apoyos. Si falla CiU sólo quedaría recuperar al PNV, lo que obligaría a concederle uno de los bienes más preciados del socialismo: el Gobierno vasco. O todo estará perdido para el presidente.

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