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¿Por qué nadie le para los pies a Israel?

largo historial en contra de los derechos humanos

Viernes 04 de junio de 2010
El asalto a la conocida como ‘Flotilla de la Libertad’ el pasado martes, en el que murieron nueve cooperantes a manos de soldados israelíes en una operación militar calificada como ilegal por la inmensa mayoría de la comunidad internacional, ha vuelto a poner de manifiesto la impunidad con la que actúan ciertos gobiernos amparados en pactos de no agresión, intereses económicos entrecruzados y un difícil equilibro político. Israel, en el punto de mira de organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch desde hace décadas, posee un largo historial de violaciones de la legalidad internacional y numerosos ataques contra los derechos humanos en los Territorios Ocupados.

Mientras la repatriación de los más de 700 cooperantes sigue su curso y se inician las investigaciones acerca de lo sucecido en el buque Mavi Marmara y el resto de la ‘Flotilla de la Libertad’, la opinión pública internacional pide, por no decir exige, responsabilidades a las autoridades israelíes.

El hecho de que soldados hebreos asaltaran barcos con bandera foránea (turca en este caso) en aguas internacionales, atacaran y retuvieran a sus ocupantes, los trasladaran a territorio israelí -en lo que algunos han llegado a calificar como secuestro- y finalmente se les obligara a firmar un documento de deportación en el que se deja entrever que fueron los propios activistas los que entraron de manera ilegal en el país, pone de manifiesto la rocambolesca e incomprensible postura adquirida por Tel Aviv.

A pesar de que el asalto fue justificado por las autoridades militares hebreas por la supuesta presencia de armas destinadas a Gaza para aprovisionar a los grupos terroristas que allí operan, principalmente Hamás, lo cierto es que los primeros vídeos israelíes sólo ofrecen imágenes de tirachinas, barras de hierro, un hacha, cuchillos y bolsas con canicas. Nada que haga pensar en un envío de armas a gran escala como denunciaba Israel.

Tras la conmoción que provocó el asesinato de nueve activistas durante el asalto a la flotilla solidaria, la comunidad internacional, con Naciones Unidas a la cabeza, se ha limitado a condenar los hechos aunque no se espera que se tomen represalias serias y de envergadura al respecto. A lo largo de las últimas décadas, y parapeteado tras unos sólidos lazos diplomáticos, Israel ha actuado de manera irresponsable en materia de derechos humanos violando en reiteradas ocasiones las recomendaciones de las organizaciones pro derechos humanos y haciendo caso omiso a varias resoluciones de Naciones Unidas en las que se insta a intentar solucionar el conflicto en Palestina.



De la barrera anti Palestina a los bombardeos 'selectivos'
En la última década, las organizaciones humanitarias estiman que el ejército israelí ha terminado con la vida de más de 4.000 personas entre las que se incluyen centenares de hombres, mujeres y niños inocentes. Palestina, una de las regiones más pobres y deterioradas sobre la faz de la Tierra, ve como, día tras día, la situación de sus habitantes se ve drásticamente empeorada debido al conflicto que libran israelíes y palestinos desde hace décadas.

Si bien es cierto que los grupos terroristas que operan en la región también han causado víctimas mortales inocentes entre la población hebrea, son los palestinos los que más están sufriendo los rigores del conflicto. A las precarias situaciones higiénicas en las que viven se debe sumar el bloqueo internacional al que están sometidos por Israel. La ayuda humanitaria llega con cuentagotas y los suministros de alimentos, agua y medicinas son muy irregulares.

Uno de los símbolos más evidentes de la represión israelí sobre el pueblo palestino es el gigantesco muro que Tel Aviv ha levantado en torno a los Territorios Ocupados, en los que viven cerca de 4 millones de personas, para proteger a sus colonias de los ataques de las guerrillas islamistas.

La mastodóntica construcción, de más de 720 kilómetros de longitud, fue iniciada en 2002 y no tardó en provocar reacciones airadas por parte de la comunidad internacional. Mientras Tel Aviv esgrime razones de seguridad para seguir con su levantamiento, las ONG acusan a Israel de querer ahogar a los palestinos entre kilómetros de hormigón y alambradas. No son pocos los llamamientos que Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional, que lo ha declarado ilegal, han realizado a Israel para que desmantele el muro sin obtener una respuesta satisfactoria. Básicamente, Tel Aviv ha ignorado conscientemente la legalidad internacional.

Pero el muro es sólo uno de los trágicos episodios que escriben el día a día en Palestina. Las operaciones contraterroristas realizadas por el Mossad y las demás agencias de seguridad hebreas, muchas de ellas sin tener en cuenta los derechos humanos o la legalidad internacional, causan tantas víctimas entre las filas terroristas como entre las civiles. Los bombardeos, calificados 'selectivos' por la aviación hebrea, son devastadores y no sólo arrasan con polvorines o cuarteles terroristas, sino que también destrozan las casas de miles de ciudadanos inocentes, víctimas propiciatorias del conflicto.

Silencio y agravio comparativo
Tras el asalto a la 'Flotilla de la Libertad' de este pasado martes, se esperaba que la comunidad internacional se mostrara contundente y unánime a la hora de imponer sanciones al gobierno hebreo. A pesar de que fueron muchos los países que se mostraron críticos con la administración que encabeza Benjamin Netanyahu, pocas veces ha sido tan evidente que las palabras se las lleva el viento.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la OTAN se reunieron de urgencia pocas horas después del asalto y optaron por una solución salomónica: condenar la operación y las muertes de los nueve activistas con el fin de contentar, o al menos intentarlo, a las voces que clamaban por represalias diplomáticas contra Israel, pero no pronunciarse en cuanto a sanciones más allá del tirón de orejas verbal.

Las estrechas relaciones que mantienen Tel Aviv y Washington, miembro permanente del Consejo de Seguridad, impidieron que Naciones Unidas pudiera reprender de un modo más duro a Israel. El poderoso lobby judío norteamericano, muy enraizado en el Congreso y el Senado de Estados Unidos así como en las grandes agencias gubernamentales, ha maniatado a Barack Obama que no ha podido ser más duro en su condena a los hechos. El presidente estadounidense, que ha optado por una política de distanciamiento progresivo de su socio hebreo, dijo mostrarse "muy preocupado" por lo ocurrido aunque obvió manifestarse en cuanto a cualquier tipo de sanción.

Este inmovilismo de la comunidad internacional hace reflexionar. Por un lado, están los titánicos esfuerzos diplomáticos que se están llevando en la sede de la ONU en Nueva York para sancionar a Irán, principal enemigo de Israel, por su programa nuclear que, a día de hoy, no ha causado vida alguna. Pero, por otro, se pasa por encima de la legalidad internacional, según condena la propia Corte Penal Internacional (no reconocida por Israel ni Estados Unidos), y se ignora el sufrimiento de millones de personas que viven hacinadas en campamentos para refugiados en una situación más que precaria debido a un bloqueo ilegal y sin una situación a corto, medio o largo plazo en el horizonte a la que aferrarse.

El doble rasero con el que se miden determinadas acciones está provocando la pérdida de credibilidad de los organismos e instituciones supranacionales. Pocos confían en que los asesinatos de la 'Flotilla de la Libertad' desemboquen en juicios y mucho menos en penas de cárcel reales. Israel es el gran aliado de Occidente en oriente Medio y el interlocutor de mayor peso. Además, a pesar de no haber sido confirmado oficialmente, Tel Aviv posee un armamento nuclear por lo que se capacidad de disuasión está fuera de toda duda.

De este modo, ¿qué autoridad moral le queda a Naciones Unidas para sancionar a determinados regímenes si Israel, el único estado cien por cien democrático de Oriente Medio, viola de manera sistemáticamente los derechos humanos sin que nada se haga por evitarlo?, ¿cuánto tiempo podrá sostener Barack Obama, premio Nobel de la Paz, su postura cómplice con Israel?, ¿hasta cuándo se permitirá a Tel Aviv ignorar la legislación internacional, lo que conlleva a crímenes reiterados contra civiles? No son pocas las voces dentro del propio país hebreo que consideran que con actos como los del pasado martes, Israel, y en consecuencia sus ciudadanos, están agotando el crédito humanitario obtenido con el genocidio. Palabras mayores para un pueblo que ha sufrido como pocos a lo largo de la historia.

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