Crónica
Sábado 05 de junio de 2010
Es indiscutible que el narcotráfico es uno de los mayores problemas que sufre actualmente México, y que la aún presente corrupción que existe en muchos ámbitos e instituciones gubernamentales ha permitido que las organizaciones criminales se fortalezcan y extiendan por todo el país.
En décadas anteriores los grupos de la droga se concentraban principalmente en los estados norteños, como Baja California, Chihuahua, Tamaulipas o Sinaloa, donde los carteles conocidos eran los de Tijuana, Juárez y los del Golfo. En los últimos años han aparecido organizaciones en estados del sur y centro de México, como en Michoacán y Guerrero, los cuales tienen relación con las grandes organizaciones tradicionales.
El narcotráfico en México está lleno de nombres de capos “famosos”, de leyendas e historias. Los mexicanos recuerdan nombres como los hermanos Arellano Félix del cartel de Tijuana, uno muerto en un tiroteo y el otro arrestado en 2002, el muy conocido Rafael Caro Quintero arrestado en 1985 y acusado de asesinar al agente Camarena de la DEA.
El famoso Amado Carrillo Fuentes, conocido como “el señor de los cielos” por controlar una gran flota de aviones que transportaban cocaína desde Colombia, protagoniza una de las leyendas del narcotráfico al morir después de una cirugía estética para cambiar su apariencia, pero que para algunos continua vivo tras haber logrado engañar a la DEA (agencia antidrogas estadounidense).
Desde las décadas de 1980 y 1990 se han establecido vínculos y sospechas de relación entre funcionarios públicos, principalmente alcaldes de ciudades donde los carteles han operado y miembros de cuerpos policíacos, como la Procuraduría General de la República, e incluso con elementos del ejército.
Uno de los casos más sonados es el del General Jesús Gutiérrez Rebollo, nombrado en 1996 como el zar antidrogas de México, el cual fue destituido y arrestado en 1997 tras una investigación que demostró que recibía pagos del cartel de Juárez y de tener una estrecha relación con Amado Carrillo. Este hecho fue tan conocido e impactante que incluso el personaje del General en la película Traffic recuerda al General Gutiérrez Rebollo.
Sin embargo, en los últimos tiempos la relación entre narcotráfico y política parece estrecharse. Quizá uno de los primeros “narco políticos” que se recuerdan es el ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, detenido en 2001. Casos más recientes son la detención en mayo de 2009 de varios funcionarios y alcaldes del estado de Michoacán al considerarlos sospechosos de estar relacionados con el cartel “La familia michoacana” y el grupo de los Zetas, brazo armado de organizaciones del narcotráfico. Algunos de los arrestados han sido puestos en libertad, pero otros siguen en proceso judicial.
El caso “Greg” es el más actual. Gregorio Sánchez, “Greg”, candidato para gobernador del estado de Quintana Roo, y ex alcalde de Cancún, por la coalición de los partidos de izquierda PRD y PT, así como del partido Convergencia, fue detenido en mayo pasado al considerase sospechoso de estar vinculado, blanquear dinero y proteger a organizaciones criminales, en especial ala banda de los Beltrán Leyva y los Zetas.
En México preocupa esta relación del narcotráfico con la política. Se teme que cada vez sea más común encontrar a funcionarios y candidatos a puestos de gobierno relacionados, o incluso miembros, de carteles de la droga.
Es una preocupación bien fundada, y en especial por la nueva generación de capos, los llamados “narco juniors”, que cuentan con mayor educación, recursos y relaciones que no solo contemplan a grupos delictivos, sino también a empresas, medios de comunicación y política en el país y en el exterior. El gobierno intenta acabar con este problema, pero lo que es evidente es que el “narco” cada vez está más extendido y que su influencia es cada vez mayor en la esfera política.
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