Rafael Ortega | Domingo 06 de junio de 2010
El próximo viernes, día 11, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa clausurará el Año Sacerdotal con una Misa en la Basílica de San Pedro que tendrá como lema “Con Pedro en Comunión Eclesial”. Un año que se ha celebrado en conmemoración del 150 aniversario del fallecimiento de San Juan María Vianney, el “Santo Cura de Ars”, y que ha servido para redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote, pues se ha sensibilizado a todo el pueblo, a todo el mundo católico, a las familias cristianas y en especial a los jóvenes que quieren seguir una gran vocación, y por tanto vivir esa vocación con auténtico empuje y constante fidelidad.
Se espera que a los actos de clausura, que comenzarán el miércoles día 9, asistan miles de sacerdotes de todo el mundo para dar testimonio de esa fidelidad a su vocación y al Papa. Sobre todo en unos momentos muy difíciles, en los que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus pastores, lo que es aprovechado por muchos para desacreditar la magnifica labor de la mayoría de sus ministros generosos y llenos de amor a Dios. Por eso, se ha querido hacer este Año Sacerdotal en conmemoración, como decíamos, del fallecimiento del Santo Cura de Ars, cuyas enseñanzas y ejemplos son un punto de referencia significativo para todos nuestros pastores. Como ha dicho Benedicto XVI, en la carta que ha escrito con motivo de este importante acontecimiento:” hay que contribuir y promover el compromiso de la renovación interior de todos los sacerdotes para tener un testimonio evangélico más fuerte en el mundo de hoy”.
Buenos Pastores, todos. Quiero recordar aquí a los que llamo “misioneros del campo” que viven en soledad permanente acompañados por sus pocos feligreses y que han llegado a la ancianidad junto a su cura. Pueblos y sacerdotes que se necesitan unos a otros para saber que son utiles.
Son, como decíamos, “misioneros del campo”, que día tras día recorren decenas de kilómetros, para oficiar la Eucaristía en los diversos pueblos que el Obispo del lugar les ha encomendado. Son hombres mayores que sienten la soledad como una hermana que vive con ellos permanentemente y cuya labor es muy pocas veces agradecida. Los curas rurales son cada vez más necesarios. No podemos olvidarlos en la vorágine de las noticias de Iglesia que consideramos más importantes. Ellos llevan la palabra de Dios a personas ávidas de recibirla, y más en estos difíciles tiempos. Difíciles para todos.
Espero que algunos de esos cientos de curas rurales, de esos “misioneros del campo”, puedan viajar a Roma para asistir a la clausura de su Año Sacerdotal”, pues según recordaba el Papa :“un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”.
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