Opinión

No queda mucho tiempo

Ricardo Ruiz de la Serna | Viernes 11 de junio de 2010
Este miércoles el Consejo de Seguridad votó la Resolución que impone nuevas sanciones contra el régimen teocrático de la Republica Islámica de Irán. El texto aprobado es más suave que el inicialmente propuesto, pero los ayatollahs han sacado pecho como si ellos fuesen los amenazados en lugar de la amenaza para la seguridad regional.

En realidad, la República Islámica de Irán tiene motivos para ser optimista. El reloj de la comunidad internacional va mucho más lento que el de su programa nuclear. Con una tradición diplomática que se remonta a la antigua Persia, los iraníes hablan con dos, tres y hasta cuatro voces diciendo a cada uno lo que desea escuchar. Su programa nuclear tiene fines pacíficos, pero la opacidad a las inspecciones de la OIEA han sido constantes. Dicen ser una democracia, pero reprimen a los opositores, persiguen a las minorías y oprimen a su propio pueblo. Buscan alianzas con potencias regionales como Brasil y Turquía mientras invitan a borrar Israel del mapa. Mientras su programa nuclear avanza en pos de la bomba atómica, los Estados Unidos vacilan y la Unión Europea brilla por su ausencia.

El régimen de Teherán recurre a la propaganda y el engaño para ocultar sus actividades. La resolución contiene una lista negra bien extensa de empresas vinculadas el régimen. Entre otras cosas, se restringe la venta de tanques, vehículos blindados de combate, sistemas de artillería de gran calibre, aviación de combate, helicópteros de ataque, barcos de guerra, misiles y sistemas de misiles. Se prevé la interceptación en alta mar de buques sospechosos de portar materiales prohibidos y se insta a los Estados a vigilar la actividad comercial con empresas iraníes o sometidas a la jurisdicción iraní. Se trata de que sea el aparato del régimen, y no la población, quien sufra las sanciones. Ahora, depende de los Estados aplicar las prohibiciones y adoptar las medidas necesarias para que sean efectivas.

Mientras tanto, la oposición iraní sufre la persecución de un régimen que se ha encastillado. El cambio de régimen va lento y la comunidad internacional se lo ha venido tomando con calma. La resolución es un avance tibio, pero no queda mucho tiempo para evitar que los ayatollahs tengan la bomba.

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