Opinión

Arriba el balón...

Antonio D. Olano | Sábado 12 de junio de 2010
¡Arriba el balón! El Mundial ha puesto a girar su ruleta, la rueda de la fortuna, en las salas de juego sudafricanas. Una apuesta en la que, ustedes lo saben, el equipo favorito es el que reme a favor del viento el que, remando al viento, más apoyos encentre en la fortuna.
Si las cosas vienen mal dadas, siempre nos quedarán las excusas: malos arbitrajes, presión del público y, en esta ocasión, lo que entra de lleno en la red y, sobre y ante todo, en mi colección de lo insólito cotidiano. Una gran parte de futbolistas está indignada con la calidad del balón oficial. ¡La culpa la tuvo el tren!

El esférico, tan principal en el juego como los toros en la Fiesta, puede decidir. Los guardametas cantarines justificarán sus pifias alegando que el balón hizo un extraño y se coló de rondón hasta las redes.

¿Y qué decir del delantero que tenía el gol hecho, con el pelotón domesticado por u centrocampista que se lo colocó en sus pies?
¡Con balones as, no se puede jugar!

Se acabaron los balones de cuero, que rodaban por el campo solos. Manes de los balones machos que los de hoy parecen globitos policromados para lazar desde las carrozas de los desfiles del orgullo gay, escrito quede sin ánimo de ofender.

Volvamos a exigir el balón macho, de cuarterones cosidos como los gajos de las naranjas. Y rematado con un cordón, de cuero, que para rematarlo o despejarlo sin daño en la frente, era convenientes los pañolones, sujetos a la cabeza, como los de Pedrito, Antón, del Pino, Zarra tantos jugadores recios, rematadores que descubrieron, para bien propio y provecho de sus clubes, que la cabeza sirve para algo más que pensar.

La selección española -¡qué ocurrencia llamarle “la roja” viajó en calidad de favorita. Ya han frenado el optimismo no sea que vengan los brasileños con las rebajas. No creo que, si las cosas vienen mal, dadas, se culpe únicamente a los jugadores. Ni siquiera la seleccionador nacional, Vicente del Bosque, que no debiera salir al cespez para ensayar jugadas con sus pupilos, Una tarde de estas Vila entrará con furia contra la barriga voluminosa del seleccionador, confundiéndola con un esférico y ocurrirá el aborto.

No debemos extremar el optimismo a la manera brasileña. Cada cez pierde “la amarilla” se suceden los suicidios, que no obligatoriamente deben ser por amores despechados.

Deberíamos hacer un estudio en profundidad sobre el suicidio como juna de las bellas artes.

El de la “torcida” es el más supitaño, inesperadamente esperado. A la manera de los japoneses los brasileños disponen de kamikaces, dispuestos al sacrificio por una derrota vergonzante.

Nosotros no aconsejamos estas extremosidades. Conformémonos, en caso de derrotas que nadie desea, clon echar la culpa al vecino de enfrente, al tren o a una línea de “metro”, prez y gloria de mi admirada Esperanza Aguirre que se está orgullosa de sus líneas metropolitanas que superan ya, en comodidad, velocidad, limpieza, a los trenes del universo mundo.

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