Regina Martínez Idarreta | Domingo 13 de junio de 2010
Lo confieso. No me emociono con Pixies. Los Planetas y el pesado de J. me parecen un coñazo, The Postal Service me resulta un rollo y nunca he leído a Saramago. No ando en bici desde que me rompí la muñeca en una con ocho años y me temo que soy la excepción a eso de que a nadie se le olvida andar en bicleta. A mí, sí. ¿Qué más?… Ah, sí, últimamente estoy enganchada a Lady Gaga –Telephone y Bad Romance insipiran a la gogo-choni que llevo dentro- y creo que empiezo a verle el punto a David Guetta. Por más liberación de la mujer que predique, en el fondo sigo esperando encontrar mi media naranja, casarme, tener muchos hijos y vivir felices y comer perdices en un palacio de cuento de hadas.
Qué más, qué más… No creo que todos seamos iguales y me alegro por ello. Ni siquiera creo que los hombres y las mujeres lo seamos y también pienso que así como hay gente muy buena, el mundo también está lleno de cabrones con pintas, de tontos muy tontos, de listos muy cínicos y de gente mejor preparada para unas cosas que otros. No me apetece viajar sin parar y conocer mundo y ser super triunfadora, porque en el fondo a mí lo que me pide el cuerpo es ser un poquito más humana cada día, sentir el calor de los míos, aunque eso suponga oler y sufrir y llorar y reír, aguantar velas que no son las mías, ser vulnerable y bastante menos libre. Notar la vida con los pies, sentirla con las manos, olerla en toda su dimensión y reconocerme en mis pensamientos y palabras me parecen recompensa suficiente. Mucho más que todas esas palabras vacías, esas poses y esos yos inventados que caminan por la calle disfrazados de nosotros.
Habrá a quien le baste, a quien le sobre y quien aún eche en falta muchas cosas. Yo, como soy insegura, cambiante, variable y algo egoista, aún no tengo claras muchas cosas, pero al menos sí sé qué es lo que no me gusta. Lo confieso, soy asi de absurda.
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