Opinión

Riesgo islámico en Pakistán

Lunes 14 de junio de 2010
La noticia de que los servicios de inteligencia del Ejército de Pakistán -ISI- estarían financiando y entrenando a combatientes talibanes en Afganistán es sumamente preocupante, aunque no ha causado sorpresa alguna entre los analistas internaciones. A decir verdad, la conexión entre el ISI y los talibanes es algo sabido desde los tiempos de Nawaz Sharif; conexión que si bien intentó neutralizar el anterior presidente, Pervez Musharraf -no en vano, los islamistas intentaron acabar con su vida en al menos cuatro ocasiones-, aunque sin éxito. Y tampoco le ha ido mucho mejor a su sucesor en el cargo, Alí Zardari, quien ocupa una poltrona que con casi total seguridad habría correspondido a su consorte, Benazir Bhutto, de no haber muerto asesinada a escasas fechas de las elecciones.

Hasta tal punto es grave el asunto que uno de los motivos que habrían impulsado la dimisión del ya ex director del servicio de inteligencia del vecino Afganistán, Amrullah Saleh, sería la fuerte incidencia que está teniendo en la suerte del conflicto que se libra en su país la actuación del ISI. Sus integrantes se saben fuertes, en contraposición a la palmaria debilidad del gobierno, a quien le faltan tanto la autoridad como la determinación de su antecesor para poner orden. La papeleta que tiene ante sí la comunidad internacional es sumamente compleja. Por un lado, no debe marginar al gobierno paquistaní que, pese a sus limitaciones, es fruto de unos comicios presuntamente democráticos. Por otro, tampoco debe permanecer impasible ante la pusilánime inacción de Zardari, ya que ello está derivando en un fortalecimiento de la insurgencia talibán a ambos lados de la frontera. Y desde luego, ha de hacer ver a los talibanes y a quines les apoyan que su presencia en la zona seguirá hasta que el terrorismo sea definitivamente derrotado. Cueste lo que cueste.

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