Opinión

Un semestre frustrado

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 14 de junio de 2010
Termina el semestre de la Presidencia española de la UE con bastante pena y ninguna gloria. Hay una parte de la pena que, con justicia y necesariamente, debe atribuirse al peso insoportable de la omnipresente crisis económica que no ha permitido ocuparse de casi nada más. Una crisis en la que quien, como Zapatero, empezó con la pretensión de enseñar a los demás el camino de la recuperación, ha acabado siendo el contraejemplo que nadie debe imitar. Además, cuando el Gobierno español ha intentado ocuparse de otros temas le ha faltado tacto y fortuna, como en la “chapuza” -según la comisaría Vivianne Reding- de la euroorden de alejamiento en la llamada violencia de género, cuestión en la que primero la ministra de Igualdad, la inefable Aido y después el ministro de Justicia, el descriptible Caamaño han tenido actuaciones más bien sonrojantes. Tampoco ha favorecido la tareas de la Presidencia el hecho de que coincidiera el semestre con el inicio de la vigencia del Tratado de Lisboa y la puesta en marcha de las nuevas instituciones en él previstas. Van Rompuy parece que se ha propuesto desde el primer momento ejercer de verdad su puesto de Presidente del Consejo Europeo lo que, obligadamente, ha dejado un tanto en la sombra a la Presidencia semestral. Por otra parte, la señora Ashton no acaba de acomodarse a sus nuevas funciones de Alto Representante para la Política Exterior y la Seguridad. Se ha llegado a hablar incluso de su sustitución porque no acaba de estar a la altura de su compromiso.

Ante este panorama, Moratinos podría haber aprovechado su ya larga experiencia como ministro de Exteriores para dejar un sello español en el semestre. Pero su gestión no ha podido ser más lamentable. El ministro que empezó su gestión ministerial, hace ya seis años, con aquella increíble acusación a Aznar de participación en el golpe de Estado de arrojó del poder por unas horas a Chávez, -muestra irrefutable de carencia absoluta de madurez y de cualquier tacto diplomático- no ha mejorado nada su gestión en este lustro y pico. Y lo ha mostrado bien a las claras en este semestre que ahora termina. Contra toda razón y toda lógica, se empeñó desde el principio en que la UE sustituyera su Posición Común sobre Cuba por un “diálogo bilateral de igual a igual” con la dictadura cubana. Era evidente que una buena parte de los miembros de la UE no estaban de acuerdo con esa propuesta, por una potísima razón: Cuba no ha avanzado ni un centímetro en su inexistente proceso de democratización ni en el respeto de los derechos humanos. Algunos le advertimos, en sede parlamentaria, que era un empeño inútil y que no tenía ningún sentido que se convirtiera, como le acusó la prensa internacional, en “el hombre de Castro en Europa”, en el defensor de una dictadura que no tiene el menor deseo de avanzar hacia una democracia.

Pero Moratinos ha intentado hasta el último momento salirse con la suya, con su capricho cubano, como muestra esa entrevista en París, con su colega cubano, Bruno Rodríguez, la semana pasada y no vacila en considerar que “se ha abierto un proceso positivo y esperanzador” con la liberación por razones de salud (“licencia extrapenal” denominan a la figura) del disidente Ariel Sigler. Y eso que el Rodríguez cubano hizo en París una exhibición de la repugnante altanería propia de todos los regímenes totalitarios. Desconocemos en este momento el resultado de la reunión de ayer lunes de los ministros de Exteriores de la UE, pero fuentes de Bruselas aseguran que predomina el criterio de que no ha llegado la hora de suprimir esa Posición Común porque Cuba no ha dado muestras de merecerlo. Y porque cualquiera sabe que la insistencia de Moratinos sólo tiene un fundamento: la inquina contra todo lo que se hizo durante el Gobierno Aznar, pues fue a su instancia como se aprobó la famosa Posición Común que, según parece pocos han leído (¿la habrá leído Moratinos?) pues nada en ella es contrario a la soberanía cubana, ya que el texto representa un alarde de equilibrio y buen sentido. Sólo se puede entender que se oponga a ella quienes están en contra de la democracia y de los derechos humanos.

Para rematar su carrera de “abogado de causas perdidas” y en un ejercicio del buenísimo habitual de este Gobierno en política exterior, Moratinos quiere ahora que la UE exija de Israel el fin del bloqueo de la franja de Gaza. Es evidente que Israel se excedió en su ataque a uno de los barcos de eso que han llamado la “flotilla de la libertad”, sobre todo porque con los otros cinco barcos la operación fue perfecta. Los de barco atacaron con sus armas blancas a los comandos que descendían de los helicópteros y estos respondieron a tiro limpio cuando, seguramente lo ideal habría sido el uso de gases lacrimógenos o algo de tipo similar. Pero debe quedar muy claro -la precisiónen las palabras es fundamental en política internacional- que la franja de Gaza no está sometida a un bloqueo sino a un embargo (como Cuba, por cierto) que trata de impedir que entren armas y misiles que se utilizan contra Israel o Guardas de la Revolución iraníes que entrenan a las milicias chiíes de Hamas, en luchas con los israelíes, cuyo Estado tratan de eliminar. La entrada de alimentos y medicinas sí se permite y, además, la frontera con Egipto está abierta, por lo que es falso presentar a la franja de Gaza como totalmente aislada del exterior.

Amenazado en su propia supervivencia, Israel tiene derecho a extremar las medidas para la garantía de su propia seguridad, un interés vital, porque está en juego su propia existencia. Ese derecho, obviamente, no le da carta blanca para saltarse los límites de la legalidad internacional. No se entiende que el eficaz servicio de inteligencia israelí, el Mossad, no previera la que se avecinaba, que habría permitido una operación sin el lamentable derramamiento de sangre. Pero Israel no puede cerrar los ojos ante lo que entra en un territorio, Gaza, desde el que se ataca las vidas y las tierras israelíes. Un capítulo aparte es la actitud de Turquía, cuya connivencia con los amigos de Hamás es evidente. Una actitud que revela el verdadero rostro del “islamismo moderado” (?) de Erdogan. Habrá que volver sobre ello porque es una cuestión vital para Occidente. Pero volviendo a la cuestión de Gaza, Moratinos se equivoca una vez más y es de esperar que la UE no se deje llevar por su buenismo irresponsable.

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