Nacional

Felipe González, el "jarrón chino" al rescate del socialismo abatido

El ex presidente y su equipo tiran de militancia, pero no quieren volver

Domingo 20 de junio de 2010
El 6 de noviembre de 2008, Felipe González afirmó en Televisión Española que la situación económica era la peor que había conocido. Mientras, el recién reelegido Gobierno socialista regateaba a la prensa al escuchar ‘crisis’. Finalmente, la palabra maldita y lo que conlleva en el día a día han terminado por pasar factura al Ejecutivo, que trató de obviarla y que ahora sufre una crisis paralela de confianza. Pero el autor de aquella premonitoria frase ha perdonado y ha regresado a Ferraz para echar una mano a Moncloa, a falta de una figura alternativa a la de Rodríguez Zapatero que levante el ánimo de una militancia abatida y que avale al malherido presidente.

El efecto ha sido positivo, aunque nunca llueve a gusto de todos. En la intervención de González en el centenario del grupo socialista, ante unos 700 compañeros de ayer y de hoy, el ex presidente, sin guión y con desparpajo, logró embelesar a ministros y destacados diputados como Eduardo Madina, que aplaudió con mayor afán al ex que al presidente. Aplausos y ovación a un discurso ágil, espontáneo, ácido y optimista pese a emplear el término ‘depre’ para describir el estado de ánimo en el partido. Quien negó esa ‘depre’, Rodríguez Zapatero, a su izquierda, desarrolló un discurso con una cadencia más lenta, con un lenguaje más político y que despertó menos entusiasmo que el de su antecesor en el cargo y en la palabra.

El retorno de González se presume un alivio para azuzar al votante indeciso, dormido o descontento, pero su cada vez mayor presencia en conferencias y entrevistas no termina de agradar a Rodríguez Zapatero, según explica a EL IMPARCIAL un diputado socialista. El líder del PSOE sabe que no puede condicionar la agenda de González y que él mismo gestiona sus intervenciones públicas, así como no puede predecir sus declaraciones. A veces cal; otras, arena. En su última entrevista en la Cadena SER, González manifestó, para disgusto del presidente: "Le ha golpeado la realidad de la crisis y se le nota el peso de la crisis y del ejercicio del poder". Sin embargo, el respaldo del ex jefe de Gobierno a las medidas del “golpeado” sucesor ha surtido efecto en favor del segundo y, pese a conocer los riesgos de quedar ensombrecido por el pasado, el presente está dispuesto a acudir a él como revulsivo al desgaste.

En función de la debilidad del Ejecutivo en las postrimerías de la legislatura, veremos a González y a Rodríguez Zapatero juntos o separados pero con un mismo discurso y un único fin: ganar las elecciones. Durante los últimos días, además, se ha especulado con la idea de que pesos pesados de los gobiernos de González regresen a la escena pública en la inevitable próxima renovación del equipo ministerial. Tal ha sido la repercusión de la vuelta del ex presidente que destacados socialistas de la ejecutiva actual han telefoneado –incluso compartido almuerzo en la conmemoración del centenario del grupo parlamentario- a figuras en buena consideración pese a los años transcurridos. Algunos de ellos, como Francisco Fernández Marugán, Txiki Benegas, se mantienen en activo en el Congreso; otros, como Alfredo Pérez Rubalcaba, en un Ministerio, y otros, como Pedro Solbes, ya fueron destituidos. Fuentes de Ferraz descartan retornos, pero no ocultan su satisfacción al conocer que la llamada a la militancia en tiempos de “depre” que hizo González ha acercado a los históricos a la devaluada cúpula socialista del momento.

No es ningún secreto que, como ya desveló este periódico en un confidencial, la vieja guardia “felipista” reclama un cambio de caras con prontitud y que lo haga con políticos de la talla de Joaquín Almunia, que salió de la escena nacional por la puerta de atrás después de una derrota electoral y volvería de Europa con el prestigio recobrado. Y lo más importante: credibilidad. De nada serviría este movimiento si quedaran sin renovar nombres quemados y muy vinculados a la crisis por el electorado, como Elena Salgado o Celestino Corbacho. El “felipismo” está con Rodríguez Zapatero en la medida en que González ha pedido arrimar el hombro, pero ninguno de sus conocidos integrantes se muestra dispuesto a echar por tierra la buena imagen ganada a costa de años de retiro político y mediático.

Queda claro que González ha movilizado al personal desde las bases hasta las más altas instancias de la jerarquía del partido, lo que no había conseguido el presidente del Gobierno y sin lo que sería imposible que congregara en torno a un solo proyecto a tan heterogénea mezcla. Ahora es Rodríguez Zapatero quien le debe una a los líderes que él vio gobernar. Una de las concesiones podría ser la de actualizar el Ejecutivo al fin, pero no es lo que recomiendan los expertos. Hacerlo ahora sería un suicidio político, señalan a este periódico. Sin embargo, todo apunta a que el cambio se consumará en julio.

Crisis de Gobierno no antes de octubre
José Antonio Díaz, profesor titular de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), en calidad de experto en imagen política y diputado de la Asamblea de Madrid, cree que el presidente del Gobierno debe saber medir los tiempos y confiar en una mejora de la economía, a la vez que resta relevancia a las últimas encuestas porque, a su parecer, "son una fotografía de una situación concreta motivada por unas decisiones impopulares, la instantánea de un estado de opinión puntual”. En su opinión, la pérdida de confianza se debe, en su mayor parte, a la “flagrante contradicción de las medidas tomadas con los postulados tradicionales de la izquierda, que han incidido en la línea de flotación” de su discurso. En concreto, Díaz señala los recortes a los funcionarios y la congelación de las pensiones.

Sin embargo, el profesor afirma que “dos años, en política, es muchísimo tiempo”. Los mentideros hablan de que el retraso del debate sobre el estado de la nación -14 y 15 de julio- se debe a que el presidente no quiere perderlo antes de comenzar y, por ello, cambiará caras en su Ejecutivo para presentarse con un equipo renovado ante la oposición. Para Díaz, una crisis de Gobierno antes de septiembre-octubre sería un error estratégico porque “perdería una gran oportunidad de llegar con fuerza a la recta final previa a las generales”. Para el profesor, “lo que dicta la cautela es dejar que se asienten las medidas recientemente tomadas, ver cómo afectan al empleo y si mejora la visión de la opinión pública”. Además, cree necesario esperar a que se supere la huelga general, consecuencia del abaratamiento del despido y peso que debería cargar sobre su espalda el nuevo equipo. Dos años dan para mucho, pero es pronto para actuar. ¿Sabrá esperar el presidente o se dejará llevar por las desfavorables encuestas?

El PP cuenta con un electorado fiel; no así el PSOE. Se estima que la victoria o derrota de Rodríguez Zapatero depende de un 20 por ciento de votantes de la izquierda que, en caso de descontento, se quedarían en casa en las generales u optarían por otras siglas políticas. Movilizar a ese 20 por ciento en la última etapa de la legislatura es uno de los objetivos de los estrategas de Ferraz, siempre y cuando las circunstancias económico-sociales animaran a un discurso positivo, aunque eso es más difícil de prever.

De cara a las autonómicas, pocos confían en que el PSOE logre un resultado digno. Una de las grandes incógnitas es por qué ‘Gürtel’ no ha mermado la confianza en el PP en comunidades como Madrid o Valencia. José Antonio Díaz explica que, a día de hoy, el votante español no castiga la corrupción pero que, principalmente, para que haya desgaste debe haber alternativa. En Madrid y Valencia, opina, no hay un candidato que haga frente a Esperanza Aguirre y a Francisco Camps, respectivamente.

“Si Zapatero se da prisa, lo pierde todo”, concluye el sociólogo consultado. El propio Gobierno ha reconocido que sus últimos pasos no han ido encaminados precisamente a paliar el desempleo, o al menos no lo van a frenar. La jugada para remontar 10 puntos está escrita, aunque serán los resultados de las políticas ejecutadas los que dicten sentencia en 2012.

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