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"Barcos iraníes recalan en España cambiando de bandera y de nombre"

Entrevista a jorge moragas

Miércoles 16 de junio de 2010
Dos semanas después de que soldados israelíes asaltaran la llamada 'Flotilla de la Libertad' buscando armas y suministros prohibidos con dirección, supuestamente, a los grupos terroristas afincados en Gaza, Jorge Moragas lanza una inquietante advertencia: buques iraníes hacen escala en los puertos españoles cambiando de nombre y bandera constantemente. El coordinador de Presidencia y Relaciones Internacionales del PP recibe a EL IMPARCIAL para tratar asuntos tan candentes como la política exterior del PSOE, Cuba, la crisis diplomática en Oriente Medio o el futuro de Naciones Unidas y la Unión Europea.

¿El hecho de que Israel haya actuado unilateralmente contra decenas de cooperantes durante el asalto a la llamada 'Flotilla de la Libertad', patrocinada por un país mediador clave en Oriente Medio como es Turquía, no es entorpecer de manera directa ese proceso de pacificación con el que Tel Aviv se ha comprometido en varias ocasiones?
Lo que no se puede hacer es contemplar solamente una versión del contencioso. Israel alega conexiones con Hamas en esa flotilla y es bueno verificar si eso es cierto o es producto de una invención israelí. Desde nuestro punto de vista, siempre hemos defendido una investigación y animamos, en ese sentido, a Naciones Unidas y a la Unión Europea a que también las realicen, sin olvidar el contexto político y diplomático en el que nos encontramos.

En estos momentos, el debate está más centrado en la necesidad de lanzar un mensaje coordinado para que se produzca el levantamiento del bloqueo sobre Gaza por razones humanitarias y establecer los mecanismos de verificación para que el transporte de esos barcos redunde en beneficio de la población y no sirva a otros fines. Hoy en día, de acuerdo con la información que yo manejo, la tensión está concentrada en esos mecanismos de verificación. Es decir, ¿el aluminio se puede o no?, ¿sirve para construir armamento que luego va a ser utilizado contra Israel o no?

Otro problema estrechamente ligado es el del transporte marítimo en el Mediterráneo. Nos consta que hay barcos iraníes que recalan en puertos españoles, que cambian de bandera y nombre de forma recurrente y que, teniendo en cuenta la deriva política del régimen de Teherán, nos debería preocupar a todos mucho.

¿Cree que se deberían imponer sanciones diplomáticas severas a Israel por lo acontecido una vez concluyan las pesquisas de la comisión de investigación recientemente conformada por las autoridades israelíes?
Los dramáticos acontecimientos conocidos como la 'Flotilla de la Libertad' no pueden abstraerse ni aislarse de un proceso más amplio que es el de pacificación en Oriente Medio. Una decisión puntual sobre un hecho concreto podría afectar a un proceso cuyo objetivo deberíamos preservar todos que es la paz en la región y, en definitiva, el reconocimiento de dos estados independientes con una vecindad compleja.

Una investigación es necesaria. Que sea imparcial no debería preocupar a las partes. Preservar las conversaciones y las negociaciones debe ser el objetivo fundamental.

La crisis israelí a raíz de la llamada ‘Flotilla de la Libertad’ ha despertado voces muy críticas con Naciones Unidas debido a un supuesto doble rasero con el gobierno de Tel Aviv, ¿cree usted que se ha tratado a Israel de un modo preferencial por ser un aliado histórico de Estados Unidos, miembro permanente del Consejo de Seguridad?
Es evidente que Estados Unidos es un aliado de Israel y que eso tiene su influencia en el Consejo de Seguridad, del mismo modo que países como China o Rusia también tienen aliados que, sin embargo, no son estados democráticos, como es el caso de Israel.

¿Cree que la credibilidad de Naciones Unidas se ha visto debilitada en las últimas semanas?
La credibilidad de Naciones Unidas siempre es cuestión de debate. En mi opinión, hace ya tiempo que la ONU, por su propia naturaleza, no obtiene los resultados que muchos desearíamos. Eso obedece a la propia naturaleza de la organización. La ONU necesita abordar un proceso serio de reforma. Sobre esa cuestión se ha debatido mucho pero, desgraciadamente, las posiciones de poder consolidadas difícilmente se verán alteradas por aquellos que se benefician de las mismas.

España, que no disfruta de una posición privilegiada en la organización, anima a que se produzca ese proceso de reforma. Estamos hablando del Consejo de Seguridad, del derecho de voto, etc. Ese status quo de la foto fija de la II Guerra Mundial puede que haya quedado demasiado estático. El mundo ha cambiado. Esta organización preserva algunos derechos y privilegios para algunos sujetos del derecho internacional que, evidentemente, suponen un agravio comparativo y que quizás ya no representan la distribución de poder real.



¿Cree que la tendencia al multilateralismo, fomentado por el presidente norteamericano, Barack Obama, favorece o perjudica la labor de Naciones Unidas?
En el régimen de opinión pública global en el que vivimos, existe una distorsión difícilmente sostenible entre la retórica de los discursos y la realidad de los hechos. La administración de Barack Obama lleva apenas un año y medio en el poder, por lo que es pronto para ver si hace realidad su discurso.

A nuestro Gobierno se le echa en cara, de forma recurrente, la pérdida de peso en la escena internacional debido a su gestión, ¿hasta qué punto es palpable ese deterioro?
España, por sí misma, debe ser tenida en cuenta por el peso económico, demográfico y cultural que tiene. Pero sí es cierto que, en los últimos años, la política exterior de este Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero ha dado palos de ciego. Ha invertido sus energías en articular un diseño que estaba más concentrado es desandar el camino andado que en caminar hacia delante. Hemos visto cómo esfuerzos ingentes como la Alianza de Civilizaciones, han terminado siendo plataformas para discursos radicales como el que hemos visto entre Irán y Turquía.

Hemos perdido peso en el seno de la Unión Europea. Antes, en el Bundestag se ponía como ejemplo nuestra política económica. Ahora ocurre todo lo contrario. Creo que es necesario un cambio profundo en la filosofía inspiradora de la política exterior española y ese cambio vendrá con un Gobierno del Partido Popular que, lejos de deshacer todo lo que se ha hecho simplemente porque lo haya hecho un presidente socialista, tenderá la mano al próximo líder del PSOE.

Aprovecharemos y daremos continuidad a aquellas cosas que se hayan hecho bien, que son pocas, pero hay algunas que hay que preservar. Hay casos de éxito en materia de lucha contra la inmigración ilegal que nos han permitido articular una política eficaz en algunos países como Senegal. Nosotros no desandaremos ese camino, sino que intentaremos mejorarlo.

Nosotros ofreceremos al Partido Socialista recuperar esa lección de la Transición que aprendimos a su vez de los alemanes: apoyar a las fuerzas moderadas iberoamericanas, tanto de izquierda como de derecha, que defiendan la institucionalidad democrática, la justicia social, la libertad y la democracia. Creo que los dos grandes partidos debemos trabajar conjuntamente ese terreno. Iberoamérica es una obligación, un deber y una oportunidad para la España del siglo XXI.

El Partido Popular y el PSOE deberían distribuirse la carga y, lamentablemente, en los últimos años, el apoyo a los partidos democráticos en países como Venezuela solamente ha recaído en las espaldas del PP. Esto no ocurría así en otras épocas. El factor contaminante de la deriva totalitaria en Venezuela, en mi opinión, encontró un facilitador en un Gobierno socialista y en una política exterior irresponsable por parte del ministro Moratinos desde que asumió la cartera de Exteriores.

De este modo, se necesitan rectificaciones. Si España vuelve a crecer, a generar empleo, confianza, certidumbre, no se equivoca en sus alianzas, aprovecha sus oportunidades, cumple sus compromisos, defiende la seguridad jurídica y se presenta al mundo con una política exterior pactada con el principal partido de la oposición, entonces podremos decir ‘Spain is back’, podremos decir que España ha vuelto a la escena internacional.

La UE se basa en un imperioso principio de solidaridad, especialmente en materia financiera, que se ha visto debilitado por las exigencias de la crisis económica de algunos países miembros, ¿hacia dónde camina la Unión Europea del siglo XXI?
Europa vive un momento muy delicado que nos remite a ese concepto ‘gramsciano’ de crisis que dice que “algo viejo no acaba de morir y algo nuevo no acaba de nacer”. Al final, lo que necesita Europa es mirar más allá de la primera colina, al largo y medio plazo, y decidir de forma mancomunada qué queremos ser de mayores en un mundo en el que, si permanecemos empantanados en el inmovilismo y en nuestros egoísmos nacionales, seguramente estaremos condenando a las nuevas generaciones de europeos a una suerte de parque temático, un escenario atractivo desde el punto de vista estético y cultural, pero muy poco competitivo en un mundo global y con un poder de decisión menguante. Por lo tanto, lo que vivimos en estos momentos es una crisis de identidad.

En medio siglo, la Unión Europea sumó 15 socios, sólo 3 más que en los últimos seis años, ¿no cree que tras las dificultades vividas para sacar adelante el Tratado de Lisboa y la crisis de entidad que vive la Unión se presenta un panorama que empuja a los socios comunitarios a aparcar las ampliaciones y asentar las bases del futuro, a adecuarse a una realidad sociopolítica diferente?
Diferenciar velocidades en la UE es algo recurrente. Hoy mismo, la existencia de una zona euro dentro de una unión a 27 establece dos ritmos y dos realidades diferentes. Mientras la zona euro lucha, con más o menos acierto, por preservar su unidad, el resto de miembros observa cómo vivimos la crisis. Existe una unidad monetaria y una pluralidad de estados económicos diferenciados.

El caso español es paradigmático. Somos una pieza importante de la zona euro y, al mismo tiempo, nuestra debilidad puede convertirse en un elemento de cohesión. En definitiva, el gobierno económico de la Unión debe ser reforzado y la política financiera debe convertirse en el gran desafío de los próximos años para todos los miembros. Si no lo hacemos, trasladaremos al mundo una imagen de incertidumbre e inestabilidad que nos apartará definitivamente del tablero en el que se decidirá el futuro.

Lo importante es construir un discurso de confianza que vaya acompañado no de una retórica irrealista, sino de una cadena de compromisos verificables que den resultados y que, por lo tanto, conecten a la ciudadanía con sus instituciones. Hay que implementar el grado de participación ciudadana en las cuestiones europeas. Hay que explicarles que Europa ya decide en la política doméstica.

Tras la victoria de David Cameron en Reino Unido, ¿qué opinión le merece el avance de los partidos de centro-derecha (Italia, Francia, Alemania, Bélgica, etc.) en contraposición a los gobiernos de izquierda (España, Portugal o Grecia)?
No creo que haya nada que dure para siempre. La foto fija de la Europa de hoy no tiene por qué ser la misma dentro de dos años. Estoy convencido de que España dejará de ser una excepción en Europa, pero se puede dar que otros países también cambien de signo.

Casi siempre, España ha estado al margen de las corrientes mayoritarias en Europa. Felipe González tuvo un aliado en el canciller Helmut Kohl, un tradicional conservador, y José María Aznar, en Tony Blair, cuyo partido se incluía en la Internacional socialista. Lo cierto es que los europeos confían más en el concepto de la responsabilidad política de los países de centro-derecha que en los de izquierdas, que han demostrado su incapacidad por digerir el fracaso del socialismo real y de proponer formulas de gestión eficaces.

¿Es Cameron tan euroescéptico como se le pinta y cómo cree que convivirá ese supuesto sentimiento alejado de los preceptos de Bruselas con un profundo europeísta como su viceprimer ministro, Nick Clegg?
Creo que esa relación es, de momento, muy buena. Son dos dirigentes que no se conocían personalmente pero que, debido a su complicidad generacional y a la grave crisis que vive el país, han entendido que deben caminar juntos. A día de hoy, esa relación es muy solida. Me consta por ambas partes.

Yo siempre he pensado, y pude conocer a David Cameron hace varios años, que es más pragmático que euroescéptico. Precisamente por ello, tiene que mantener un discurso y una posición que conecte con sus bases electorales

Al mismo tiempo, tiene una gran oportunidad para mostrarse menos radical en temas europeos gracias a esa coalición con Nick Clegg. En este sentido, es evidente que la coalición suaviza el perfil euroescéptico de Reino Unido.

¿Cómo valora que la UE haya decidido posponer hasta septiembre las conversaciones con Cuba a expensas de las negociaciones entre el régimen castrista y la Iglesia católica?
Se puede disfrazar el fracaso de muchas maneras pero, a todas luces, esa decisión es un fracaso rotundo y profundo de la política exterior de Miguel Ángel Moratinos y José Luis Rodríguez Zapatero. Ellos dijeron que uno de sus objetivos para la Presidencia española de la UE era cambiar la postura comunitaria en torno a la isla y han chocado frontalmente con la oposición de los socios europeos. No me alegro del fracaso de España, lo que lamento es que no se escuchara a la oposición cuando le tendimos la mano.

En el último congreso del Partido Popular Europeo en Bohn, presentamos una resolución, que fue votada por unanimidad por todos los partidos que gobiernan en la UE, en la que pedíamos que no se cambiara la postura sobre Cuba mientras La Habana no hiciera un cambio profundo y claro que pasara por la liberación de todos los presos políticos.

Nosotros vemos con buenos ojos la labor humanitaria de la Iglesia católica pero, del mismo modo, también alertamos del peligro que supondría convertir esa relación en un mercadeo de derechos humanos que ralentizase el proceso de reforma que necesita la isla. Lo que la Iglesia debe entender, y creo que entiende, es que el peligro es pensar que el régimen castrista está cambiando sin que nada cambie dentro de él.

Cuba, gracias a la presión internacional, y creo que el Partido Popular y Mariano Rajoy han sido constantes y firmes en la reivindicación, ha llegado a una conclusión: es mejor para sus intereses que ningún preso político muera dentro de las cárceles cubanas.

Más allá de Iberoamérica, ¿qué otras regiones son prioritarias para un futuro Gobierno popular?
Creo que nuestra relación con el Magreb requiere un nuevo tratamiento. La cuestión del Sahara debe ser abordada desde un enfoque mucho más responsable. Recuerdo cuando el presidente Zapatero salió del Eliseo el 30 de abril de 2004 diciendo que en seis meses esto se resolvía y lo único que hizo fue enervar una relación equilibrada que España mantenía con Marruecos y con Argelia.

Hay que hacerse respetar. Nuestros amigos árabes nos respetarán en cuanto les digamos la verdad, cumplamos con nuestra palabra y no traicionemos nuestros compromisos históricos, y el Sahara es uno de ellos.

Además, no podemos olvidar un factor nuevo en materia internacional como es el de la seguridad energética. Argelia proporciona la gran mayoría del gas que los españoles consumen en sus hogares. Aunque parezca muy raro, de la política exterior del Gobierno de España depende la tarifa que pagan los españoles por la energía que consumen en sus casas.

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