Opinión

Obama no quiere otro “Prestige”

Miércoles 16 de junio de 2010
Los últimos datos sobre el desastre ecológico protagonizado por la plataforma de BP en el Golfo de México no pueden ser peores. A falta de estimaciones más precisas, la plataforma estaría vertiendo al mar entre cinco y diez millones de litros de crudo al día, una auténtica atrocidad. Pero si el daño ecológico es alarmante, no lo es menos el económico. El batazazo bursátil que ha sufrido BP en los últimos tiempos no ayuda para nada a un parqué demasiado sensible a sobresaltos de semejante índole. De ahí que en la reunión mantenida ayer entre el presidente Obama y los directivos de BP imperase un tono duro pero no cerrado.

Y es que, pese a las críticas que le acusan de falta de actuación en todo este asunto, Obama debe proceder con suma cautela. Para empezar, BP es la tercera petrolera del mundo, con una capitalización bursátil de más de 100.000 millones de dólares. Debe pagar sus errores, cierto, pero su caída podría tener efectos devastadores en la economía global. Además, Estados Unidos no es el único afectado. El fisco de Inglaterra –país matriz de la compañía- recaudó el pasado año más de 1.400 millones de libras en impuestos, lo que da una idea del potencial del BP. Por lo que se sabe hasta ahora, parece que hubo ocultación de deficiencias estructurales y que la seguridad dejaba bastante que desear. Que se castigue a los responsables y que BP satisfaga lo que proceda: eso sí, hasta donde sea posible, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad. Bien lo sabe Obama y con arreglo a ello está actuando.

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