Opinión

El dilema del nacionalismo vasco: ¿fin de la violencia o rescate de ETA?

Domingo 20 de junio de 2010
Ayer se formalizaba en Euskadi lo que durante mucho tiempo ha sido una entente más que tácita: el acuerdo político entre Eusko Alkartasuna -EA-y Batasuna. Mucho hablar de diálogo, vías pacíficas y demás retórica hueca, pero ni una sola condena expresa de la violencia. Así, los optimistas e ingenuos que esperaban algo más que palabras de la cita de ayer ven cómo nada se mueve dentro del nacionalismo vasco: es EA quien se acerca a Batasuna, y no al contrario. Una Batasuna, por cierto, en la que hay quien sugiere que podrían estar produciéndose disensiones internas con una posible tregua como telón de fondo. Pudiera ser. Pero de momento, no ha habido movimiento alguno en este sentido; únicamente especulaciones.


Sólo en una ocasión se ha producido una escisión clara en el mundo de ETA y fue cuando parte de lo que entonces se denominaba ETA Político Militar se constituía en Euskadiko Eskerra, corriente política que posteriormente se integraría en el PSE. Algo parecido puede decirse de la formación de Aralar, aunque en este caso penden bastantes sombras de duda acerca de sus verdaderas intenciones. En cualquier caso, la sociedad demostró al nacionalismo radical que podía acoger sin problemas a quienes decidieran renunciar a la violencia y se decantasen por defender sus ideas de un modo pacífico. Si no se ha vuelto a hacer no ha sido por falta de medios, sino de voluntad: como expuso no hace mucho Tasio Esquicia, una de las voces más autorizadas de la izquierda abertzale, “la lucha armada tiene hoy más sentido que nunca”.


Pero que nadie se lleve a engaño: si algunos de Batasuna barruntan la posibilidad de una tregua es solamente porque ETA está débil, no porque realmente quieran abandonar la lucha armada por convicción. Es una mera cuestión de cobardía. Hasta el momento, la experiencia nos ha enseñado que el único camino para acabar con la violencia terrorista es la que tan buenos resultados está dando hasta ahora: presión policial y política. La opción posibilista para que el brazo político de ETA vuelva a las instituciones, defendida con ahínco por todo el nacionalismo vasco y un cierto sector del PSE -encabezado por Jesús Eguiguren-, no es sino un balón de oxígeno para la banda. Si Batasuna quiere realmente desmarcarse de la violencia, lo tiene muy fácil: que la condene, exija su fin y la entrega de las armas. Todo lo que no sea eso son componendas con el terrorismo. Como la de ayer.