Opinión

Ley Antitabaco: fuera malos humos

Miércoles 23 de junio de 2010
Finalmente, enero de 2011 será la fecha en la que entrará en vigor la modificación de la Ley Antitabaco por la que se prohibirá fumar en espacios cerrados. Dicha prohibición va dirigida fundamentalmente a locales de ocio y negocios de hostelería, donde hasta, ahora reinaba una permisividad que contrasta abiertamente con la mayor parte de países europeos. Es precisamente el segmento de trabajadores de la hostelería quien más susceptible estaba a contraer enfermedades como el cáncer de pulmón, expuesto a los “malos humos” de la clientela.

Se da la circunstancia de que uno de cada cuatro españoles reconoce su adicción al tabaco, una droga –conviene dejarlo claro- socialmente tolerada pero droga, al fin, y de las más aditivas. Entre los adictos al tabaquismo, casi las tres cuartas partes desearían poder dejar de fumar. Todos, fumadores o no, son conscientes de los perniciosos efectos del tabaco en el organismo humano. Y siendo uno de los cometidos más importantes del Estado el de velar por el bienestar de sus ciudadanos, lo suyo es que se hubiera legislado desde un primer momento de una manera más taxativa y no por tramos. Al menos ya se ha hecho. Y si bien, como toda ley, es mejorable, se echa de menos algo de responsabilidad política por parte de la oposición en pleno, ya que en materia de salud pública la demagogia está de más.

Cuesta entender que el PP se erigiera en paladín de los empresarios de hostelería, reacios a perder posibles clientes fumadores. No será para tanto. Los pubs irlandeses y las cervecerías alemanas siguen igual de llenos que siempre. No se fuma dentro, eso es todo. Pero la gente sigue yendo igual. Tampoco es de recibo que grupos como el PNV critiquen el proyecto por carecer de “medidas de prevención o concienciación”. Para eso están las políticas educativas y las campañas de información, no las leyes. El caso es que el Parlamento ha dado un paso adelante en pro de la salud pública; ahora sólo resta sacarlo adelante y no hacer electoralismo barato con algo tan importante como la salud pública.

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