Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 25 de junio de 2010
Los grandes aforismos por los que sin duda alguna el Presidente Zapatero pasará a la Historia del Pensamiento no son vecinos ni vástagos de la filosofía marxista, sino que pertenecen por derecho propio al gran ámbito del jainismo. Ahora se explica su rutilante ocurrencia sobre el diálogo de las civilizaciones. ¡Es que es un fiel del jainismo! ¡Un discípulo aventajado de Mahavira! “La Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento!” ¡Puro jainismo! ¡Esto es saber sapiencial del bueno, fundamentado en largas horas de contemplación mística, “sûtra” de suprema inspiración! Desde Sócrates y los diálogos de lógica de la India antigua ( Gautama ), el mundo no había oído, no se había arrobado con formulaciones tan diamantinas, luminosos mantra de importancia planetaria, como las de nuestro excelso Presidente Zapatero. ¿A ver qué presidente dice esas cosas? ¡A ver! La verdad es que a Occidente se le va la mano con mucha facilidad llamando al muy egregio Zapatero “disaster”, cuando es “a breathtaking thinker”, “the invention of politics in the new Europe”, el primer político europeo en la creación de nuevos rituales tántricos.
¿Que a los bancos alemanes les debemos la tontería de 400.000 millones de euros? ¡Eso es una tontería! Vienen los ochenta millones de alemanes un verano gratis total a España, a vivir de gorra durante un verano de tres meses, ¡y saldada la cuenta! Si es que hay que tener ocurrencias, como nuestro hermano mayor jainista. Que cada familia española meta en su casa a ocho alemanes, y a correr. Deuda saldada. Luego hacemos lo mismo con los ingleses, y luego con los franceses, y luego con cualquier otro acreedor que se tercie. ¿Dónde está la hospitalidad española? ¡Que no se diga, hombre! Si además la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento. Si el dinero no es de nadie…esto es de otra penetrante compañera jainista.
“Me gusta el discurrir de un río, precisamente porque discurre”. ¿De qué palabras aladas y gamonedescas está hecha la inspirada alma del Presidente? Falta una hermenéutica patria que pudiese interpretar estas perlas abisales, estas profundidades del pensamiento. Me temo que ni Roland Barthes, ni Derrida, ni Julia Kristeva, ni Jakobson, ni Lausberg, ni Lukács, ni Propp, ni Todorov, ni Ullman podrían llegar al más hondo sentido, a la verdadera clave del arco conceptual de eximio Zapatero. Se necesitaría toda una escuela de hermenéutica jainista para desentrañar las verdades planetarias reveladas de nuestro Presidente. ¿Y esto no es riqueza? ¿Esto no hace Historia? Se olvidarán los alemanes de Ángela Merkel, los franceses de Nicolás Sarcozy, los italianos de Silvio Berlusconi, los ingleses de David Cameron; pero los españoles no olvidaremos a José Luis Rodríguez Zapatero durante mucho tiempo. Seguro que no.
A veces pienso, cuando oigo lleno de asombro al Presidente, cómo lo hubiera clasificado Aristóteles, este maniático filósofo de las clasificaciones, de los tipos, de los géneros, de la naturalezas y hasta de los caracteres ( Teofrasto ). En la escalera humana, ¿qué peldaño superior ocupa Zapatero? Entre la amplia gama de clases de gobernantes, ¿ a qué sublime tipo de gobernantes pertenece la especie Zapatero? Y es que la verdad esencial de la “quiditas” de Zapatero está pidiendo un Aristóteles. Hasta me da vergüenza hablar de Zapatero en castellano, lengua bárbara, pongámonos como nos pongamos. Porque Zapatero se merece como mínimo el latín, el griego o el sánscrito para hablar de él, como los dioses antiguos, que se dirigían a los hombres con las mismas formulaciones abstrusas e hysterológicas que usa nuestro rutilante y radiante Presidente.
“Doce años de presidente tampoco lo veo exagerado”. ¡Ni mil eones serían suficientes para saciarnos de tu sabiduría inconmensurable! Si hasta de me dan ganas de llorar cuando pienso en los millones y millones de ancestros nuestros, españoles todos, que no tuvieron la suerte de coincidir contigo en el tiempo, de contemplar tu luz deslumbradora. Vivir bajo tu égida justifica haber nacido. ¡Oh protector bendito y salvador del Estado, tú cuya salvaguardia es a nuestros ojos prueba de la gratitud de los dioses patrios, no nos abandones jamás, no nos dejes caer jamás en la orfandad de tu poderoso brazo! Ni se te ocurra marcharte para siempre al zaquizamí de la Historia, como se atreve a decir ese protervo Ansón, que se niega a ver la luz radiosa que de ti sale. Oh tú, nuevo Ankylométês, Portador de la égida, segundo Argifonte, Redentor Argyrótoxos, Mirada Glaukópida, Mensajero Diáktor, Hekáergo, Hekatebelétes, Sacudidor Ennosígeo, Tonante Eurýopa, Smintheo contra la crisis, Terpikérauno, Hypsibremetes, Campante Hypsídsygos. Oh tú, Zapatero, Español insigne.
Sólo los grandes eruditos, como es esa alma cultísima y refinada de Leire Pajín, fabricadora de grandes elogios, mejores que los del bilbilitano Marcial al emperador Domiciano, pueden captar todo tu significado planetario. Los demás, los otros, sólo son unos zampones, sólo quieren pan y un poco de alegría, puros animales, cuando tú sólo has venido al mundo para comunicarnos grandes pensamientos. ¡Verdaderamente, sin par Zapatero!
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