Opinión

El peligroso precedente de la “Flotilla Libertad”

Domingo 27 de junio de 2010
Las penosas condiciones de vida que padecen los habitantes de la franja de Gaza no se deben únicamente al bloqueo israelí -que también-, sino a la actitud de una organización terrorista como Hamas, que los utiliza como rehenes de su siniestra y macabra política. Palestina no es Hamas, pero hay un sector de la opinión pública para quien eso da igual. O lo que es lo mismo, el drama de Palestina justifica los actos de Hamas. Eso debieron pensar los “pacifistas” -armados hasta los dientes, eso sí- que decidieron enfrentarse al bloqueo marítimo israelí e intentar atracar en el puerto de Gaza. El desastroso proceder del Tsahal en el abordaje de uno de los barcos hizo que el fin publicitario que inicialmente se perseguía fuera rebasado con creces y, lo que es peor, plantase la simiente de futuras flotillas. Dicho y hecho. Si una semana después era un barco irlandés el que intentaba llegar a Gaza, ahora es uno libanés el que pretende otro tanto, con el agravante de que entre sus tripulantes se halla un grupo de diputados iraníes.


Llama poderosamente la atención el hecho de que la izquierda europea haga bandera de la causa palestina casi en exclusiva. Si lo que pretende es erigirse en paladín de los oprimidos, los astilleros de medio mundo no darían abasto para construir embarcaciones con las que surcar los mares en socorro de los necesitados. Que se sepa, ninguna flotilla ha puesto rumbo a Corea del Norte, Cuba o Somalia. Tampoco a países teóricamente ricos -Arabia Saudí o cualquiera de las dinastías feudales del Golfo Pérsico-, donde la opulencia de las elites dominantes contrasta con las condiciones de semiesclavitud en las que viven los inmigrantes procedentes de Pakistán o Bangladesh, tan musulmanes como los palestinos. Puestos a elegir, hay infinidad de lugares en los que sus habitantes están igual o peor que en Gaza. El drama de dichos lugares es que el Islam o el socialismo tienen bastante mejor prensa que el Estado de Israel, de ahí que lo que pase en ellos importe bastante menos: la doble vara de medir es evidente. Y no debería de ser así.