Opinión

La verdadera izquierda abertzale

Regina Martínez Idarreta | Domingo 27 de junio de 2010
El tan cacareado acercamiento entre Eusko Alkartasuna y la llamada izquierda abertzale, no es otra cosa que la unión de los despojos de la fiesta. Conscientes de que por una razón y otra ambas formaciones estaban a punto de quedarse fuera del escenario vasco, tanto EA como la antigua Batasuna han decidido aferrarse mutuamente, como quien se agarra a un clavo ardiendo, para intentar aparentar una fuerza e influencia que distan mucho de ser las que realmente poseen. La sed de portadas y el globo mediático que siempre se forma alrededor del tema vasco han creado la ilusión de que la unión del supuesto polo soberanista tiene alguna razón de ser, cuando lo cierto es que no representa más que los últimos coletazos de dos fuerzas que no han sabido adaptarse al profundo cambio en la política vasca que supuso la aparición de Aralar. Este partido, escisión de Batasuna, comenzó su andadura, tímida pero solidamente hace casi siete años con la clara condena de la violencia de ETA como única seña de diferenciación con el abertzalismo radical. En otras palabras, la formación liderada por Patxi Zabaleta representa a la auténtica izquierda abertzale democrática.

Los resultados de las pasadas elecciones autonómicas, en los que EA se presentó sin el abrigo protector del PNV, mostraron la realidad de la auténtica presencia del partido socialdemócrata nacionalista en la política vasca: ninguna. A pesar de ser una escisión del PNV, el partido fundado por Carlos Garaikoetxea nunca se ha resistido a la tentación de agarrarse de la mano de la formación madre porque la posibilidad de tener capacidad de decisión y de meter mano en los asuntos públicos era demasiado jugosa como para dejarla de lado por supuestas diferencias ideológicas. A pesar de que el partido se autodenominó socialdemócrata desde sus incios, siempre ha preferido alardear de su condición de izquierdas –es decir, de izquierda abertzale- con la boca pequeña y sólo para parecer más progre y moderno que sus primos hermanos jeltzales. El apelativo de izquierdas y abertzale estaba demasiado vinculado al radicalismo más cercano a ETA como para tomarse la molestia de reivindicar la posibilidad de ser nacionalista y socialdemócrata y ocupar un espectro que tramposamente hicieron suyo los radicales. Tan agusto estaba bajo la sombra del PNV, que EA se olvidó de diferenciarse del mismo y acabó perdiendo toda razón de ser. Lo malo es que de eso sólo se dio cuenta cuando ya era muy tarde y ahora los conflictos internos que siempre conlleva la pérdida de poder han esquilmado sus bases hasta llevarle a una escisión protagonizada por el sector guipuzcoano, que el pasado año conformó un nuevo partido, Hamaikabat. Así, hoy en día lo que queda de la Eusko Alkartasuna original no es sino un partido moribundo, sin influencia, que ha visto como una formación valiente como Aralar ha ocupado el hueco que ella nunca tuvo el coraje de disputar al radicalismo abertzale.

La ilegalizada Batasuna, por su parte, ha visto como su ilegalización en 2002 le ha ido relegando a un olvido insoportable, muy lejos de esa imagen martirtiriológica que tanto le gusta ofrecer. Aralar es la prueba palpable de que lo que está bajo sospecha no son las ideas independentistas sino la complicidad con un grupo terrorista que, escudado en la apariencia pseudodemocrática de las múltiples formaciones que han puesto cara al abertzalismo radical en los últimos 30 años, ha viciado hasta el extremo, a través de la coacción y el terror, la política y sociedad vascas. Aralar se atrevió a romper la dependencia del independentismo de izquierdas con la violencia, asumiendo que la defensa de una supuesta Euskal Herria libre no necesita de un grupo de asesinos que deslegitiman con sus métodos fascistas las mejores ideas.

Ahora ambos han ofrecido a la formación de Patxi Zabaleta la posibilidad de unirse a su polo independentista. Espero que los dirigentes de Aralar tengan la inteligencia, visión de futuro y valor suficientes como para no dejarse llevar por los cantos de estas sirenas moribundas que saben que son ellos y no el Estado español, quienes hoy por hoy representan sus auténticos enemigos. Tanto EA como la ilegalizada Batasuna están utilizando sus últimos cartuchos para neutralizar a ese partido que les ha ido desplazando de la política vasca para dejarlos al borde de un abismo que, en el fondo, se han buscado ellos mismos.

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