Comunicación

"Hoy en día, los periodistas, por desgracia, vivimos de titulares"

Periodista

Martes 29 de junio de 2010
Considerada por muchos compañeros de profesión como una 'maestra de periodistas', Rosa María Calaf, una de las caras más reconocibles de la televisión española de las últimas décadas, empieza una vida diferente tras más de 30 años en la 'trinchera' periodística. Con numerosos proyectos profesionales y personales por abordar, la veterana periodista catalana charla con EL IMPARCIAL sobre la salud del periodismo, el perfil de los profesionales de la comunicación y algunas vivencias a través de numerosas reflexiones de quién ha dedicado su vida a acercar lo que sucedía en el mundo a todos los españoles.

Tras más de 30 años al servicio del periodismo cubriendo noticias en Moscú, Viena, Buenos Aires, Nueva York, Canadá, Roma y China, ¿cómo se ven los toros desde la barrera?
La verdad es que estoy bien. Estoy muy agradecida por la vuelta que he tenido. He sido muy bien recibida, con mucho aprecio, así que sería muy injusto si me quejara.

Desde el punto de vista de cómo veo el periodismo, pues no lo veo especialmente bien, creo que cada vez se está deteriorando más. Hay que preocuparse seriamente por la situación de precariedad, de cómo pierden peso las redacciones, etc. Visto desde fuera, llegas a pensar que casi mejor que ya no estoy en la primera línea porque realmente no se hacen las cosas como deberían de hacerse pero, por otra parte, nunca dejaré de ser periodista, así que no me siento fuera de todo eso.

En cuanto a la profesión, curiosamente, no echo de menos nada. Supongo que es porque estoy tremendamente activa y trabajando en y por el periodismo. Pero, de momento, sinceramente, no echo nada de menos. Yo nunca he sido nada nostálgica, de mirar hacia atrás. En todas las facetas de mi vida siempre me ha interesado lo que tengo por delante y lo que tengo en el momento. Lo que he hecho es a beneficio de inventario, me parece valioso por lo que haya podido aprender, pero ya está. Yo ya sabía que no iba a estar ni deprimida ni nada porque ahora me parece muy interesante el reto de organizarme una nueva forma de vida.

¿Y a qué dedica su tiempo ahora Rosa María Calaf?
A clases de periodismo en universidades, me interesa mucho el contacto con la gente joven ya que creo que es muy importante que no haya ruptura entre generaciones; a centros de cultura, ONGs, a festivales de cine como jurado, a premios literarios, tengo entre manos un posible documental, he estado hace poco en Bruselas para un proyecto como observadora internacional en negociaciones de paz y a viajar a sitios como Australia, donde ya había estado como corresponsal, pero que ahora lo he conocido más en profundidad. Vamos, que tengo muchas más cosas que hacer de las que puedo realmente.

Además, me interesa mucho asistir a charlas de periodismo, con especial mención a la recuperación del reporterismo de calidad, riguroso, honesto y que no entre en el circo mediático. También, tres temas que siempre me han preocupado mucho son la mujer, la interculturalidad y el asunto del envejecimiento activo que me ha llevado a colaborar con el Imserso. Para el año que viene, estoy explorando más la parte internacional de la docencia para periodistas de países en transición democrática. Lo que tengo claro es que no pienso parar.

A lo largo de todos estos años ha tenido la oportunidad de cubrir varios de los hechos más relevantes del último siglo y de entrevistar a los personajes que los protagonizaron pero, ¿qué se le ha quedado en el tintero?
La caída del muro de Berlín me la perdí por dos meses. Estaba en la URSS y me fui a Sudamérica justo antes. De haberlo sabido, no me hubiera ido. Lo que pasa es que yo siempre miro al revés, la cantidad de cosas que he hecho y que jamás pensé que podría hacer. En este sentido, no me puedo quejar en absoluto porque he vivido en esta profesión muchísimo más de lo que jamás soñé que iba a vivir.

Si tuviera que decir algo, me hubiera gustado entrevistar al Papa Juan Pablo II en profundidad. De todos modos, las entrevistas a grandes personajes siempre son engañosas. Es decir, en una entrevista de media hora o 45 minutos, que desde luego es mejor que nada, tampoco puedes entrar en profundidad realmente y salir de ella diciendo “ya sé cómo es”.

¿Quién le ha causado mejor impresión y quién peor?
El peor, sin duda, Bettino Craxi. Le entrevisté antes de todos los escándalos que protagonizó y era un personaje muy difícil, muy misógino, muy arrogante y extraordinariamente desagradable. En cambio, Papandreu padre era todo lo contrario, una persona cercana.

De todos modos, siempre me ha costado mucho elegir la persona que más o la persona que menos. He tenido la enorme suerte de tanta gente que te aporta mucho o, por el contrario, que no te aporta nada.

Si tuviera que sentar a tres personajes históricos para mantener una charla con ellos, ¿a quién escogería?
Winston Churchill es una persona que me hubiera gustado mucho conocer. A Mao, sin duda, me encantaría sentarle delante de mí y mantener una larga charla. Y, saliendo un poco de la política, me hubiera encantado tomar un café con Lawrence Olivier o Richard Burton por mi pasión por el cine.

Rosa María Calaf en la plaza Roja de Pekín.


¿Qué ingredientes cree usted que debe tener un buen periodista y cuáles debe evitar?
Para empezar, el estar convencido de que su trabajo es mucho más que eso. Es una forma de vida, un compromiso social. También tiene que tener una extraordinaria humildad porque se debe partir de que uno no sabe nada. Y, en tercer lugar, una gran capacidad de apertura, ser capaz de escuchar y de tratar de entender lo diferente.

En el lado contrario, uno debe huir de la arrogancia, de esa idea de que, por ser periodista, uno tiene patente de corso. Otro enemigo es la frivolización, el caer en lo fácil y pensar que esta profesión se basa en la búsqueda de la fama. La popularidad puede ser un efecto secundario pero nunca debe ser el objetivo en el periodismo, ya que ese papel lo ostenta la excelencia en el trabajo. No he conocido ni un solo triunfador de bien, obviando la concepción de éxito que tiene ahora nuestra sociedad, arrogante, que se crea un genio o alguien especial.

¿Cómo se siente cuando se le considera una ‘maestra de periodistas’?
De entrada, me sorprende muchísimo pero, para mí, es un orgullo, un honor y, sobretodo, una tremenda responsabilidad. Que se fijen en lo que has hecho, en cómo lo has hecho, en lo que haces añade un componente de estrés. Estoy muy contenta y, si realmente eso significa que se sirve para algo, pues estoy encantada porque el periodismo, en el fondo, es un servicio a la sociedad.

Dentro de esta profesión, ¿qué compañeros le han dejado un buen recuerdo o le han marcado de manera especial?
Yo soy muy de corte anglosajón, ya que creo que es el periodismo que aún mantiene mejor la esencia y el espíritu. Me gusta la gente como John Simpson, de la BBC, Barbara Walters u Oriana Falacci, que fue un referente para mí cuando yo empezaba, aunque en su última etapa ya no estuviera tan de acuerdo con ella.


Reportaje de Rosa María Calaf emitido por Informe Semanal (TVE) con motivo del 10º aniversario de la cesión de Hong Kong a la R.P. China. Youtube

Usted siempre ha sido uno de los grandes exponentes y una gran defensora de la contextualización de la información, ¿cree que en el periodismo actual esa práctica es una norma o una excepción?
Ahora, sin duda, es una excepción. Afortunadamente, lo hacen muchos compañeros todavía, pero ahora es una excepción por muchas razones. Primero, por el tiempo, ya que se necesita tiempo para prepararse -nadie nace enseñado- y para exponerlo. También, en el caso de los medios escritos, se necesita espacio. Ya no hay de eso. Ahora, en vez de hacer una noticia bien hecha, tienes que hacer cincuenta deprisa y corriendo. Esa famosa frase, que todo el mundo me repite y que una vez me salió, de que “lo que se busca es lo que impacta y no lo que importa” es totalmente cierta.

Uno tiene que batallar para que en la información se cuente lo que importa, que a veces también impacta, pero que no es necesariamente lo mismo. De este modo, se ha caído en el sensacionalismo, en la banalización, en la frivolidad y, sobretodo, en el querer dar un periodismo de titulares. Son técnicas publicitarias, pero el “Yes we can”, el “No a la guerra” o el “¿Por qué no te callas?” no dejan de ser titulares. Hoy en día, los periodistas, por desgracia, vivimos de ellos.

Lo importante es lo que hay detrás, no basta con tener una frase maravillosa. Hay que contextualizar, profundizar, dar elementos a la opinión pública para que se pueda formar una idea sana. Es lo que decía Jefferson de que una población ignorante jamás podrá ser libre. De este modo, es muy difícil crear esa idea si uno no sabe de lo que está informando.

No tiene nada que ver el hacer la información atractiva, amena e interesante con que no sea profunda y de calidad. Parece que cuando una cosa está analizada, contextualizada, machacada y reflexionada es un rollo. No tiene por qué serlo, para nada. El periodista tiene que buscar el transmitir el mensaje de la forma más amena posible pero sin modificar el contenido. Por ejemplo, si tú pides un zumo de naranja, lo importante es que te den zumo de naranja. Pero, si le empiezas a añadir aditivos y conservantes la esencia del zumo cambia.

No sólo existe la información que se hace de forma banal o poco cuidada, en la que no importa la excelencia, sino que, además, hay una segunda perversión que es la de la información manipulada. Con eso también hay que tener mucho cuidado. Hay que informar y, al mismo tiempo, proteger al lector. No es tanto una cuestión de prohibir como de educar al consumidor de información para que sepa que el periodismo de calidad es un derecho y también un deber. Tiene que producirse un esfuerzo por informarse y por reclamar una buena información.

De este modo, ¿cree que se ha domesticado al consumidor de información?
Totalmente. Vivimos en una sociedad conformista y complaciente que lo que no quiere es tener que pensar, que está como anestesiada. Vivimos en una sociedad peligrosísima para sí misma porque es muy fácil manipularla. ¿Por qué? Porque desde hace años se ha creado un diseño que consiste en construir una sociedad de consumidores en vez de una sociedad de ciudadanos, es decir, que piensen.

Por ejemplo, las portadas de todos los periódicos de hoy (la entrevista se realizó el día después de la victoria de la selección española ante Chile) hacen referencia al fútbol. No puede ser. Un periódico generalista no puede tener en su portada el fútbol porque no es lo prioritario para la sociedad. ¿Qué nos dice esto? Pues que hemos subvertido los valores sociales, se han manipulado las prioridades. Hay mucha gente que, con este tipo de portadas, se construye sus propias realidades, sobretodo la gente joven. La primera página, la portada del telediario, la noticia de apertura de un boletín es y debe ser la más importante para la sociedad. ¿Lo más importante para la sociedad es el fútbol con la que está cayendo? No. Hay millones de temas mucho más importantes.

Es cierto que hay que entretenerse, que no podemos estar todos los días horrorizados, pero las noticias de deportes tienen su propio espacio dentro de un periódico, sus suplementos o sus especiales. Uno no puede variar las prioridades del ser humano. Sí es verdad que si uno abre el periódico con la cumbre del G20 no lo compra nadie, pero porque la gente está maleducada. Antes esto no era así.

Pero todo esto no es un problema del periodismo español, es de alcance mundial. Cuando los norteamericanos incorporaron el criterio empresarial al mundo periodístico, es decir, cuando se empezó a pensar que la información tenía que cotizar en bolsa, que tenía que dar dinero igual que una fábrica, esto se convirtió en un negocio. Evidentemente, nadie hace un periódico para perder dinero, pero ese no era el objetivo. La finalidad era ser un servicio a la sociedad y lo que pasaba es que se buscaban fórmulas para mantener ese servicio social. Es como si me dices que el objetivo de la Seguridad Social es ganar dinero.

El periodismo es un negocio, sí, pero no es un negocio cualquiera. Está en juego el diseño del espíritu social, la salud de la sociedad. Igual que uno que comercia con sardinas no puede añadirles veneno para el cuerpo, los medios informativos deben contribuir a mantener sanos intelectualmente a los ciudadanos a través de una serie de valores. Parece que hoy el gran cuerpo doctrinal es la economía -no las ideologías- y el brazo armado es el mercado y todo lo que no entre dentro de él no vale. Puede que esta crisis sirva para cambiar de nuevo el modelo social porque el actual ya no es sostenible.

¿Y ve motivos para ser optimista al respecto?
Yo soy muy optimista por naturaleza y creo que el ser humano, en una inercia cíclica, siempre ha logrado avanzar y tirar hacia delante. Ahora estamos mucho mejor que hace 150 años. Está claro que lo hacemos mal, pero seguimos andando. Vivimos un momento de transición, que siempre es una etapa llena de incertidumbre, y debemos tener un diagnóstico claro y luchar por ello. En ese sentido, el ciudadano debe cooperar, no puede esperar en el sofá a que le den todo hecho.

Pero entonces, ¿la opinión pública reclama lo que quiere o acepta lo que se le ofrece sin presentar oposición?
Esta es una pregunta complicada. Yo creo que ha sido la gente la que se ha adaptado a lo que los medios le han ido ofreciendo. Es como si tú coges a un niño y, desde pequeño, le das bollos y chucherías todos los días. De repente, le dices que se acabó todo eso y que ahora sólo comerá verdura y fruta. Lo lógico y lo normal es que se rebele.

Yo creo que hay mucha gente a la que le gustan los contenidos del periodismo actual. También te digo que hay otra mucha que cambiaría todo pero que, al estar en minoría, no puede. Además, ese proceso costaría mucho, ya que hay que reeducar a la sociedad y eso se tiene que hacer desde la escuela. Hay que volver a lo esencial del ser humano.

Por lo que usted considera que el principio del fin fue cuando los gestores de los medios de comunicación dejaron de ser periodistas para ser reemplazados por empresarios
Efectivamente. Cuando personas como Rupert Murdoch entraron en el periodismo, personas a las que les da igual tener entre manos un bien tan frágil como es la información, todo empezó a ir a peor. La información es demasiado valiosa como para dejarla en manos del mercado. Esto conlleva que tengamos que distinguir, cada vez más, entre información y entretenimiento. Como el ocio también se ha distorsionado mucho y se tiende a buscar lo peor del ser humano, se han mezclado los géneros y se han difuminado entre sí.

Ted Koppel, uno de los periodistas norteamericanos más prestigiosos de los últimos años, denunció en 2004 que, en Estados Unidos, la gente menor de 30 años tenía como único contacto con las noticias Internet y los talkshows nocturnos de humor tipo David Letterman o Jay Leno. Aquí pasa lo mismo con Andreu Buenafuente, Manel Fuentes, Santi Millán, Wyoming o la gente de 'Sé lo que hicisteis'. Estoy totalmente a favor de que haya entretenedores que hagan de periodistas y doten a la información de actualidad de un toque de humor y un punto de vista diferente. En cambio, sí me preocupa que haya periodistas que hagan de entretenedores. Eso sí que es grave y tremendamente peligroso para la profesión y para el ciudadano.

¿Ve posible que los medios digitales en auge, con el uso preponderante de Internet, abracen al reporterismo como un género propio?
Estoy totalmente a favor de las nuevas tecnologías y tengo muy claro que utilizar todo lo que aportan como herramienta es valiosísimo pero como herramienta, no como objetivo. Lo que no se puede priorizar es la herramienta sobre el contenido. El reporterismo, la única forma de hacerlo y de hacerlo bien, es en la calle. Es muy difícil hablar de alguien o de algo si no has estado en el lugar y no has hablado con la persona. Lo que sí creo es que todo lo que tiene que ver con Internet tiene un papel importantísimo a jugar y que va a significar el relevo. No me preocupa nada si desaparecen los periódicos en papel. Es decir, no me preocupa el formato ni el soporte. Lo que sí me importa es que no se pierda la esencia.

Si uno hace temas en la mesa, tiene que advertirlo, el lector tiene que saber cómo se ha hecho la información. Me parece muy buena la decisión de TVE de avisar de las ruedas de prensa sin preguntas. Medida, por cierto, que debería haberse tomado mucho antes. Creo que es importante que el espectador sepa que lo que está viendo es lo que te han contado y que tú, como profesional de la información, no has podido hacer nada.

¿Se sigue notando para mal el ser mujer dentro del periodismo?
Sí, por supuesto. Estamos a años luz de cuando yo empecé, que no había nadie, pero seguimos padeciendo un déficit en cuanto a puesto de dirección y decisión. Eso me parece muy alarmante. Creo que este panorama se debe al diseño machista de la sociedad y a las propias mujeres. Una debe saber reclamar sus derechos. Pero, lo peor es que, me da la impresión de que se está volviendo hacia atrás. Veo otra vez reflejado en televisión ese papel femenino de mujer-objeto de segunda fila. Nuestro lugar en la sociedad no se nos va a dar si no lo peleamos.

Por otro lado, yo siempre he hecho lo que he querido por lo que no considero que ser mujer sea un handicap. Ahora bien, a la hora de trabajar dependemos mucho del grado de ‘ismo’, del fundamentalismo, integrismo, patriarcalismo, etc. Hay países de toda fe que son muy anti igualdad femenina. Si bien es cierto que el hecho de ser mujer te restringe el acceso a ciertas personas o lugares, te abre las puertas a un mundo muy rico como es el de las mujeres en este tipo de sociedades represivas. Nuestra influencia en todas las comunidades es enorme, pero nuestra posición visible dentro de las mismas es mucho menor. En definitiva, es una limitación relativa.

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