Jueves 01 de julio de 2010
España pasa hoy el testigo de la presidencia rotatoria de la Unión Europea a Bélgica, escenificando los momentos de incertidumbre en los que se halla inmerso el Viejo Continente. Ello es así porque se pasa de una presidencia vacía de contenidos a otra cuya incógnita es saber si la Bélgica que conocemos seguirá siendo viable de aquí a final de año. Pero lo que ahora toca es hacer balance de los seis meses en los que el señor Zapatero ha estado al frente de la Unión Europea. Y la primera valoración que cabe reseñar es si realmente el señor Zapatero ha presidido algo que no fuera España. Porque la voz cantante en Europa la han llevado Merkel y Sarkozy, hasta el punto de no llegar a convocar al presidente de turno a algunas sesiones trascendentales, sin duda porque lo consideraban irrelevante.
Tampoco vino Obama, para disgusto de un Zapatero que suspiraba con su foto junto a presidente norteamericano. Se ha tenido que conformar con Chávez y Gadafi, con quienes seguramente comparte demasiadas cosas. Se ha tratado de implementar una nueva diplomacia europea, pero sus nulos resultados han estado a la altura del titular del ramo en España, el ministro Moratinos. Sus intentos de coordinación económica han sido frustrantes, en parte a causa de la falta de empuje de toda Europa, pero también debido a la pobre imagen económica de España. En definitiva, los empeños más destacados de la Presidencia española han sido, por un lado, vender un supuesto pragmatismo en relación a los regímenes castrista y chavista a una Europa que no está dispuesta a comulgar con semejantes ruedas de molino y, por otro, posicionarse claramente junto a Hamas -que no es lo mismo que Palestina- en detrimento de Israel. Poco más ha dejado para el recuerdo la Presidencia española de la Unión Europea. Esperemos que a los belgas les vaya mejor. Por el bien de Europa.
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