Jueves 01 de julio de 2010
Hay sectores en los que las centrales sindicales “generalistas” no tienen una cuota representativa significativa. Sirvan como muestra los sindicatos de pilotos, controladores aéreos y conductores de Metro. Son éstos últimos quienes han logrado su objetivo de reventar Madrid con una huelga salvaje. Tanto como para colapsar la capital durante dos días, rechazando los servicios mínimos y llegando a agredir los piquetes “informativos” a cuatro trabajadores que pretendía no secundar el paro. Por de pronto, el coste económico de la huelga rebasa la cantidad que la Comunidad de Madrid iba a ahorrar con los recortes presupuestarios. Pero lo que no se puede cuantificar es la enorme cantidad de molestias que unos cuantos insolidarios han ocasionado a seis millones de madrileños.
UGT y CCOO no lo ven así. El motivo es que, pese a que esta huelga no la han montado ellos, la han hecho suya a sabiendas del revuelo que está ocasionando. O lo que es lo mismo, ante el fracaso del último paro de funcionarios, Méndez y Toxo se han propuesto que la próxima movilización sea todo un éxito. Pero a la vista de la treintena de manifestaciones celebradas esta tarde en toda España, más les vale seguir anotando el “triunfo” de la huelga del Metro de Madrid como propia porque de lo que es poder de convocatoria no andan especialmente sobrados. Y es comprensible. Durante todos estos años de destrucción de empleo, nada se supo de los sindicatos. Aparecen ahora que vienen mal dadas y lo hacen precisamente cuando el Gobierno -forzado, que no convencido- empieza a hacer algo por enmendar errores pasados. Así las cosas, si la aportación de los sindicatos se circunscribe a que sus piquetes “informativos” sigan conculcando derechos fundamentales y a oponerse a las únicas medidas serias en seis años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se entiende a la perfección el descrédito que suscitan en la ciudadanía.
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