Viernes 02 de julio de 2010
El primer día de julio fue el elegido por el Gobierno para hacer efectiva la subida del IVA. Primer día de vacaciones para muchos, primer día de rebajas para todos y otro día más en el devenir cotidiano de los más de cuatro millones y medio de desempleados. Serán ellos quienes más acusen un incremento impositivo sumamente regresivo, por cuanto el IVA es un impuesto que grava el consumo, sin hacer distingo alguno el los sujetos pasivos del mismo. Con todo, hay que decir que no es el ejecutivo español el único que ha planteado una subida de impuestos; en eso José Luis Rodríguez Zapatero coincide con muchos de sus colegas europeos. Pero difiere en que, mientras éstos han acompañado la subida de tipos de otras tantas medidas adoptadas con anterioridad, aquel ha improvisado forzado por el pié forzado de reformas tardías, descafeinadas e inacabadas y la presión de los mercados y de nuestros propios socios.
Probablemente, de haberse actuado cuando tocaba no se habría llegado al estado actual de la economía. No quedan muchas más alternativas. Dicho de otro modo, hacer los deberes a destiempo implica que nada de lo que vaya a ir viniendo será del agrado de la ciudadanía. Hay que hacer caja rápido; ésa es ahora la prioridad del Gobierno. Aunque cabe preguntarse si bastará sólo con incrementar el IVA. Porque no es un axioma liberal sino una realidad contrastada; ninguna subida de impuestos ha creado riqueza. Nunca. Basta ya, por tanto, de hacer demagogia con sofismas de que pagará más quien más tenga; con la subida del IVA, todos pagamos más por todo. Y serán los menos favorecidos quienes lo repercutan en sus castigadas economías. Será inevitable pero, desde luego, no parece la mejor manera de salir de la crisis.
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