Opinión

Orgullo gay a la carta

Domingo 04 de julio de 2010
Madrid era escenario anoche de una nueva edición de lo que se conoce ya como “Orgullo”. Si en sus orígenes el día del orgullo gay nació para reivindicar algo tan elemental como que nadie fuese discriminado por su orientación sexual, hoy se ha convertido en un negocio absolutamente politizado y a cuyo alrededor proliferan toda suerte de actividades que poco o nada tienen que ver con su idea primigenia. Tan es así que más de un colectivo homosexual ha criticado que el”Orgullo” se haya mercantilizado y banalizado, reclamando volver a lo que fue en sus inicios. Y puede que no les falte razón.


Para empezar, llamó poderosamente la atención el veto que los organizadores hicieron de los gays y lesbianas de Israel, sólo por ser de donde son: ¡todo un ejemplo de tolerancia y equilibrio!. Nada dijeron, en cambio, de los países islámicos -Palestina incluida- donde la homosexualidad está terminantemente prohibida y castigada con penas que pueden llegar hasta la muerte, como es el caso en Irán o Arabia Saudí. En dichos países sería impensable una celebración como la de ayer. Y, desde luego, nada de derechos, esos de los que sí gozan en una sociedad democrática como la occidental.


Es precisamente en el ámbito de los derechos donde reina una cierta confusión hoy en día. Se ha pasado de la cuasi clandestinidad a algunas posturas un tanto provocadoras que, precisamente por ello se alejan de la normalidad. Queda por hacer, es evidente, aunque lo cierto es que cada vez tiene menos trascendencia qué orientación sexual pueda tener una persona. Imperan, por fortuna, el sentido común y la naturalidad. Tanto es así que hasta los huelguistas del Metro han tenido a bien volver a la normalidad este fin de semana para no entorpecer las celebraciones del “Orgullo”; ya tendrán tiempo de seguir “reventando Madrid” -esas fueron las palabras de su comité de empresa- a partir del lunes. Pero anécdotas al margen, el “Orgullo” se ha convertido en todo un reclamo festivo que además mueve muchos millones de euros. Quizá sea el momento de acentuar su carácter lúdico -sin olvidar, eso sí, cuál fue su origen- y dejarse de politizaciones que poco o nada pintan en un evento semejante.