Antonio Meza Estrada | Domingo 04 de julio de 2010
Pocas personas podrían imaginar que hay algo más de peligro después del afamado Río Bravo, devorador de vidas de inmigrantes, fertilizador de los valles del sur de Texas y Tamaulipas, pero sobre todo límite entre países y culturas. Pues si, en la zona urbana entre Juárez y El Paso está el canal Franklin, mismo que capta las aguas del río arriba y las deriva para la zona agrícola de localizada al oriente de estas dos ciudades.
Se trata de un canal de concreto, de forma trapezoidal, con una profundidad que alcanza los tres metros. En los finales de los años 90s este canal de 45 kilómetros de longitud se convirtió en la tumba de numerosos mexicanos quienes, al cruzar el río Bravo, usualmente sin niveles importantes de agua en esta zona, caminaban de noche y se encontraban con el canal. No median, no consideran la consecuencia de enfrentar una corriente constante, fría y con velocidad.
Y es a unos metros de cruzar el río, se encuentra el canal que mediante un sistema de represos y exclusas, sube el nivel del agua para su administración agrícola en la parte sur de El Paso. En estos años se encontraba completamente desprotegido, es decir, sin los señalamientos adecuados o una barda o cerco de protección.
Ante esta situación, y considerando el número de víctimas fatales de connacionales, El Consulado de El Paso convocó a su contraparte de Juárez, las autoridades migratorias norteamericanas y autoridades locales de la ciudad. El acuerdo fue construir un cerco de protección, rótulos señalando el peligro de intentar cruzarlo y colocar en ciertos tramos boyas, cables y otros aditamentos que pudieran ser utilizados para salvarse de morir ahogados aquellos individuos que finalmente intentaran cruzarlo.
La consecuencia fue inmediata. Se redujo diametralmente la estadística de fatalidades.
Este evento se logró gracias a la convocatoria del Consulado, pero sobre todo al profesionalismo de las demás autoridades. La conciliación para enfrentar problemas en la frontera es algo común y que muchas veces escapa a las instancias diplomáticas centrales de ambos países.
Ahora que un menor de edad fue baleado y murió en la frontera justo en esta región, retomo la iniciativa ya planteada con antelación. Es necesario del lado mexicano, colocar mayores señalamientos respecto de los riesgos de intentar cruzar indocumentado, pero sobre todo, crear una zona buffer, de amortiguamiento que limite a nuestros connacionales el riesgo de llegar a una frontera que en los últimos tres lustros ha causado más de cinco mil fatalidades.
Esta narrativa es parte de mis testimonios en el libro “Política Exterior de Facto”.
ameza@mexico.com
TEMAS RELACIONADOS: