Rafael Ortega | Domingo 04 de julio de 2010
Hace unas semanas escribíamos en EL IMPARCIAL sobre “la necesidad de buenos pastores”. Ahora, cuando ha finalizado el año Sacerdotal, queremos recordar también a esos buenos pastores que son excelentes periodistas y que sin olvidar su ministerio principal, el sacerdocio, hacen del oficio periodístico su segunda vocación.
He tenido la fortuna de tener excelentes maestros en el periodismo y no puedo olvidar a dos, José Luís Martín Descalzo y José María Javierre, recientemente fallecido, que en mis años de corresponsal de Radio Nacional de España en Roma y en el Vaticano, me enseñaron a amar más aún esta profesión. Recuerdo en particular dos viajes de Juan Pablo Segundo, a Estados Unidos y a Brasil, que fueron dos aulas permanentes de enseñanza. Martín Descalzo y Javierre educaron a este joven, entonces, periodista en los complicados vericuetos de la información, para que esta fuera siempre seria y responsable y basada en el respeto a la dignidad humana.
Ahora, como decíamos, tenemos a magníficos periodistas-sacerdotes. José María Gil, Juan Díaz Bernardo, Juan Rubio, Antonio Pelayo, Jesús de las Heras, Pepe Blanco, Manuel Bru, y que me perdonen otros muchos a los que no he citado, acompañados por el maestro, nuestro querido Arzobispo Emérito de Mérida-Badajoz, Antonio Montero, que es un referente moral y profesional para todos nosotros, y por el Arzobispo Castrense, Juan del Río, a quien también debemos mucho por sus consejos en complicados momentos.
La pasada semana se ha celebrado en Málaga el encuentro anual de las Comisiones de Medios de Comunicación de las Conferencias Episcopales de España y de Portugal. Una reunión que ha servido para hablar del trabajo pastoral en este mundo de la información y que en esta ocasión, y como hiciera el Papa en su Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones el pasado 16 de mayo, ha expresado su deseo de llevar a cabo la misión evangelizadora de la Iglesia en el escenario del mundo digital. Los obispos españoles y portugueses han considerado necesario que los futuros sacerdotes esté perfectamente preparados para su misión de buenos comunicadores en la adecuada forma y transmisión del Mensaje.
Y es ahí, precisamente, donde los sacerdotes-periodistas tienen una gran labor, o lo que es lo mismo, comprometerse en la formación de esos jóvenes que el día de mañana puedan sentir también la vocación del periodismo y que les enseñen a enfrentarse a los problemas de esta sociedad sin miedos y con responsabilidad. La Iglesia tiene en los medios su gran altavoz y no hay que tener pánico a las zancadillas ni a los que intentan desprestigiar la labor de estos buenos pastores y excelentes periodistas, como está sucediendo ahora con un compañero de COPE, el ya citado Manuel Bru, al que no perdonan algunos sus valientes actitudes en un reciente pasado.
Ánimo a todos, porque os necesitamos.
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