Martes 06 de julio de 2010
Ha estado acertado el presidente de la Generalidad de Cataluña, José Montilla, al afirmar que Mariano Rajoy guarda silencio en lo tocante al Estatut para no incomodar a CIU. El propio Montilla es el primero en sentirse -sobre el papel- perjudicado por un fallo que declara inconstitucionales una quincena de artículos principales y pone en solfa otros treinta. Y pese a que el argumento oficial del PSOE -que no del PSC- considere una victoria el que apenas quince de los más de doscientos artículos del Estatut hayan sido laminados, la realidad es otra. Porque en esos preceptos rechazados se hallan cuestiones tan relevantes como la fiscalidad, el poder judicial o la lengua; por no hablar del “raspado jurídico” a que ha sido sometida la presunta nacionalidad catalana.
Pero el nacionalismo catalán -PSC incluido- no está dispuesto a soltar una presa que ya paladeaba. Aunque tarde, mal y a medias, el Constitucional ha certificado que no podían seguir rebasándose los límites de la estructura del Estado, por más que haya quien quiera seguir despeñándose tras aventuras secesionistas. La sentencia del Estatut debería haber aportado algo de sosiego a una vida política demasiado convulsionada. Pero no ha sido así. Antes al contrario, ahora empiezan a surgir voces desde el Gobierno, tan autorizadas como las de María Teresa Fernández de la Vega o José Blanco, que insinúan que lo que el Constitucional ha denegado, se puede resarcir vía ley orgánica. O lo que es lo mismo, retorcer el ordenamiento jurídico para satisfacer las leoninas demandas de socialistas soberanistas y nacionalistas catalanes. Mientras, desde la Generalidad se organizan manifestaciones en contra de una resolución judicial acorde a derecho y se llama a rebato. Y Rajoy calla. En un país con políticos que tuvieran sentido de Estado y que viviese una situación semejante, el Presidente del Gobierno y el líder de la oposición se reunirían para arbitrar una solución de consenso en un asunto de tanto calado. Pero en España, Zapatero va a lo suyo y a Rajoy le acompleja Cataluña. Y ya va siendo hora de que tanto uno como otro enderecen su rumbo.
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