Crítica
Domingo 11 de julio de 2010
La faceta de conquistador de Serge Gainsbourgh, coleccionista de relaciones sentimentales con conocidas y bellas mujeres como Isabelle Adjani, Brigitte Bardot, Vanessa Paradis o Jane Birkin, con quien se casó y tuvo a su hija Charlotte Gainsbourg, hoy conocida actriz que estuvo a punto de interpretar a su madre en el recién estrenado biopic de la vida del mítico personaje francés, es, sin duda, una de las más conocidas fuera de su país de origen.
Sin embargo, Serge Gainsbourgh, nacido en París en 1928 de padres rusos que escaparon de la revolución bolchevique, fue, hasta su muerte en 1991, un polifacético y genial artista (cantautor, pintor, poeta, actor y director de cine) y, después de su desaparición, se convirtió en una auténtica leyenda en Francia. En ese país, la película sobre su vida, dirigida por el reputado dibujante y guionista de cómics Joann Sfar, se estrenó el pasado mes de marzo con un gran éxito de público, situándose en el tercer lugar de la taquilla, sólo por debajo de Avatar y de Invictus, durante la primera semana en la cartelera, con más de medio millón de entradas vendidas.
Joann Sfar, quien se confiesa fiel admirador del talento de Gainsbourg y de su herencia al arte galo, ha querido que la cinta sobre la vida del extravagante genio estuviera dirigida más a conocer el interior del hombre que los datos meramente biográfico de su existencia. Por ello, ha arriesgado, y es una pena que no haya salido del todo victorioso, para adentrarse en los demonios que marcaron la errática vida de un hombre frágil, con claras tendencias provocadoras y autodestructivas. Y esos fantasmas que habitaban en la mente de quien es una de las figuras más emblemáticas de la canción francesa, Sfar ha querido mostrarlos literalmente al espectador. Una tarea bastante complicada que ha afrontado, como no podía ser de otra forma, desde su faceta creativa de dibujante, a través de una especie de monstruo larguirucho que aparece a la vera del cantante cuando su existencia está empezando a ser demasiado convencional. En definitiva, un recurso al que no se le puede negar su originalidad, pero que falla a la hora de mostrar la verdadera tragedia de una vida a la que conscientemente su protagonista no quería poner rumbo alguno.
La acción arranca cuando Gainsbourg, cuyo nombre real era Lucien Ginzburg, es un chaval de ocho o nueve años que pasea por las siniestras calles de París durante la ocupación alemana, luciendo orgulloso la amarilla estrella que le identifica como judío, y apuntando ya evidentes maneras de genio precoz. En esa época, Gainsbourg ya dibujaba, inventaba historias, escribía poesías, componía canciones e incluso tenía muy claro que eso de conquistar a las mujeres bellas que se cruzaban en su camino formaba parte de su indiscutible creatividad. En su juventud, siguió pintando pero el éxito le llegó a través de la música. Sus canciones empezaron a ser muy demandadas y las más famosas cantantes del momento se echaban en sus brazos mientras él componía para ellas canciones de amor. Hasta que se cansaba y tenía que volver a empezar. Sin embargo, hubo dos mujeres que ocuparon un lugar “más especial” en su vida: Brigitte Bardot y Jane Birkin. Por una parte, la exuberante actriz francesa fue la única que invirtió los papeles del guión que interpretaba incansable el seductor genio, ya que, antes de que el galán se cansara, ella le abandonó para volver a los brazos de su marido, que lógicamente había montado en cólera cuando la relación extraconyugal de su mujer se hizo pública. Por otra, la atractiva británica Jane Birkin fue seguramente quien brindó a su amado la verdadera oportunidad de conseguir la estabilidad. Con ella se casó dispuesto a formar una familia, que al final también le cansó; y con ella grabó el tema de mayor éxito y también escándalo de toda su carrera: la preciosa canción “Je t'aime moi non plus”, cantada a dúo por la entonces famosísima pareja.
Para interpretar a Gainsbourg, el director se decantó por un desconocido actor francés, Eric Elmosnino, quien, además de guardar un evidente parecido físico con el fallecido cantautor, consigue convencer en su papel de hombre perdido al que las féminas intentan por todos los medios “rescatar”. Y en lo referente al reparto femenino, destaca Laetitia Casta en la piel y el tipazo de la joven Bardot; y para interpretar a Jane Birkin, la elegida fue la joven actriz británica Lucy Gordon, quien se suicidó poco después de finalizar el rodaje en su apartamento de París dos días antes de cumplir 29 años.