Antonio D. Olano | Lunes 12 de julio de 2010
La selección española de fútbol ha colocado una estrella a los campeones del mundo en las camisetas encarnadas. Todos los españoles se entregaron la noche del domingo a la algarabía y, por primera vez desde los tiempos de crisis no amaneció con el saludo al pesimismo. Los buenos días, tristeza fue cambiada por otra frase:
- Buenos días, optimismo
- Gracias, seleccionados por vuestro triunfo trasvasado a todos los españoles. Y bravo por eso gestos emocionados. Lágrimas. Y gracias también por vuestras lágrimas. Con las de Casillas, un héroe en todos los partidos, dejamos escapar las nuestras.
Las frases marcan y definen. Utilizo una de don Jacinto Benavente que encaja en vuestro caso:
“Es tan grande lo que me pasa que parece que no me ha pasado nada”
Dado que estos días estarán llenos de merecidos elogios a “la roja”, de gratitudes comenzando por a la Reina y los Príncipes que dieron una lección de bien hacer, no es cosa de reiterar lo que tantas veces se habrá repetido en las crónicas triunfalistas. Ni recordar los bellos gestos de los triunfadores, Pau Gasol y Nadal, un catalán y un mallorquín, que se pintaron en la cara con los colores de la bandera española. Pese a quien pese, todos estábamos fieles y bajo una sola bandera.
Quiero referirme a lo anecdótico y espero que nadie olvide a nuestro pulpo protector .Solamente le faltó meter goles, tipo Iniesta, con alguno de sus tentáculos.
Desde niño, ¡toma distancia en años! escuchó decir, ante acontecimientos muy sonados, una frase que sustituye a otra: “Se armó la de San Quintín.
Estoy más familiarizado con: “Se armó la del pulpo”.
Y miren ustedes por donde, y ahora van y miran, este molusco cefalópedo octópodo que, vive en el fondo del mar, al que conocemos con el nombre de pulpo, y que armó la del ídem actuando de horóscopo de Delfos. Lo único, que desde un acuario, para predecir los resultados del Mundial sudafricano.
Hace muchos años se ocupaba del mismo cometido un simpático filipino que en el diario “Marca” vaticinaba, nada más comenzar la Liga, al campeón e incluso a los que descendían de categoría. Su nombre, Acisclo Karag. Fue grande el número de aciertos y un humorista escribió que con Karag era innecesario jugar los campeonatos.
Incluso los Rappel y otros adivinos han sido superados por el pulpo al que debía contratar la televisión española. Cuando menos resultaría diferente de esas pitonisas que anuncian mayormente felicidad a su clientela televisiva.
La bandera española, que de vez en cuando aparece exhibiendo un toro sobre sus colores, lo que está lejos de ser una falta de como envía mi sobrina Luz otra versión de la enseña nacional. Sobre la bandera, un pulpo coronado.
Mientras el sentido del humor exista en “este país”, no nos podrán hundir ni Zapatero ni los autonomistas ni separatistas. La réplica no programada a las manifestaciones contra el Tribunal Constitucional encontraron la horma de su zapato al presenciar como millares de adolescentes y entusiastas nacidos en Cataluña exteriorizaban su entusiasmo paseándose con la Bandera de todos los españoles. Durante este campeonato toda esa bendita Cataluña se alineaba bajo única bandera, la española, lo que no significa renuncia a su vitalidad.
No en vano una gran parte de los seleccionados del “Barça”. No quiero agobiarles con los verbigracias.
Iniesta, a gran figura, es albaceteño. Pedro o mejor Pedrito, canario. Villa, nueva y sensacional incorporación, asturiano. Y así sucesivamente. Todos los seleccionados están orgullosos de pertenecer a “la roja”. Se emocionan con el himno al que no pueden cantar porque no tiene versos.
Volviendo al pulpo, tendré que pensármelo varas veces hasta volver a degustar mi plato favorito, ya encarecido y que, a partir de ahora, subirá en su cotización.
Manes de pulpo al ajillo, a la plancha y en recetas varias, todas sabrosísimas. Nos entrará esa duda a la hora de atacar al pulpo troceado, sobre un plato de masera, acompañado por patacas gallegas. Y el pan de hogaza cerca, próximo el buen ribeiro, para completar la fiesta gastronómica.
Pepiño el Blanco podría hacer gestiones para invitar al pulpo germánico a pasar sus vacaciones en alguno de los famosos acuarios españoles. Sería, sin duda, la estrella del lugar, el animal más visitado. Todos le daríamos graciñas.
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