Juan José Alonso Millán | Miércoles 14 de julio de 2010
La BOITE DEL PINTOR fue un nombre mítico en la época del café teatro, allá por los años setenta – ochenta en Madrid. Estrenaron autores como Vizcaíno Casas, Bariego, Romano Villalba, Mendizábal y un servidor. Un grupo de actrices jóvenes, bonitas y un puñado de buenos actores cómicos saltaron a la fama acompañando a las notas brillantes de compositores como García Segura, Alguero, Morcillo que daba gusto oírlos.
En la actualidad, LA BOITE DEL PINTOR tiene un dueño, un notable empresario, Eduardo Gómez Rey desde hace más de veinte años. La sala ha mantenido la estructura del teatro, escenario, camerinos, telones, luz y sonido. Sin olvidar la pista de baile y multitud de espacio para estar cómodamente sentado hasta las seis de la mañana que es, cuando cierra sus puertas. La sala la lleva mi viejo amigo de PACHÁ, Tito, un auténtico profesional de siempre, con él, sus ayudantes Agustín Ruiz y Ramón Riñones y mi tocayo Juan con la música y las luces. Por eso no es de extrañar la larga permanencia en la noche madrileña de este modelo de discoteca.
La idea de volver a resucitar el café teatro, se me pasó por la cabeza, al conversar con Eduardo Gómez Rey, fue el principio de una gran amistad, como en Casablanca. Con el asesoramiento de Tito, nos lanzamos a recuperar el teatro, en busca del tiempo perdido, como hubiera hecho Prouset.
Estrenamos CACAO MONUMENTAL, siguiendo la misma línea de antaño; diversos cuadros satíricos político- social, acompañados de una música divertida. La música siempre fue imprescindible y recurrí al ideal para un espectáculo así, mi amigo LUIS AGUILÉ, le aplaudí, le admiré y tuve suerte de contar con su amistad. Físicamente nos abandonó hace unos meses, aunque nos dejó su música. El autor de cientos de éxitos, que llenaron las radios y los veranos de su vasta inspiración. Sus conocidas canciones me venían al pelo, en un espectáculo que recordaba a los setenta. Hacerle homenaje era imprescindible. Me permití cambiar la letra de algún tema, por necesidades del guión. El resultado está ahí, espero que lo vean. La hora, a las once y media de la noche. Luego larga velada por el mismo precio.
Una coreografía se hacía necesaria en este espectáculo y recurrí una vez más, a la maravillosa MARTA DE PABLO dotada de sensibilidad y talento para el arte de Tália innegable. Parece que su futuro está puesto en el mundo de la televisión, ideando y presentando su propio programa. Un lujo de señora. Cinco espléndidas actrices; Jenny Llada protagonista de tantas comedias, como EL CIANURO ¿SÓLO O CON LECHE?, dotada para el musical donde ha permanecido tanto tiempo. Emily Suárez, modelo de extraordinaria belleza, es el tercer espectáculo en que trabajamos juntos. Triunfará muy pronto. Lucía Jordán, buenísima actriz. En sus comienzos fue mi ayudante. Vale para la oficina. Ailén Denise, supermodelo argentina. Lo tiene todo para triunfar. Marcia di Lele, brasileira espectacular, aunque lo suyo es, como actriz cómica. Lo tiene claro, en esta obra arrasa. Por último, los actores Félix Granados, Fabio León y Carlos Vargas, todos viejos colaboradores en anteriores proyectos pertenecen por derecho propio al grupo de amigos entrañables. Luchan con el baile, saliendo más sobresalientes.
Eduardo Gómez y un servidor intentamos volver a poner de moda el café teatro. Tenemos que deshacer la coartada de que, la gente no sale de noche porque no tiene donde ir. Ya no vale. A las once y media es el principio de una noche lúdica y qué mejor manera de empezarla, con una obra de teatro.
En los años setenta había cerca de veinte locales; La Fontana, Lady Pepa, Recoletos, Rock Cola, Berlín Cabaret … que daban trabajo a actores, músicos, directores y autores, sin necesidad de mendigar el dinero público.
El primer paso ya está dado. Ahora el respetable tiene la palabra.
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