Opinión

El preocupante estado de la Nación

Jueves 15 de julio de 2010
A la vista de lo sucedido ayer en el Hemiciclo, la crisis no sólo ha vapuleado a la economía, sino que también parece haberse cebado con la clase política. Ni Rajoy es Antonio Maura ni -desde luego-, Zapatero es Kennedy, por más que lo cite de un modo bastante forzado. El parlamentarismo español vive sus horas más bajas, acorde con el estado el que se halla la Nación. Y es que se esperaba mucho más del Estado de la Nación de ayer. Más de Rajoy que, si bien tuvo una intervención aseada, adoleció del mismo poder de convicción que le ha llevado a perder dos elecciones generales seguidas. Y mucho más de un Zapatero que, como único supuesto descargo, quizá deba tenerse en cuenta la cantidad de frentes que tiene abiertos. Todos por él mismo, dicho sea de paso.

Demasiado Estatut. Importante, sí, pero no como para focalizar el grueso de un debate en el que se debió de profundizar más en otros temas. Los españoles merecen algo mejor como explicación de la crisis que el manido argumento según el cual la culpa es del PP por no arrimar el hombro. También son responsables lo populares, a juicio del señor Zapatero, de los continuos correctivos que de la política económica española hacen la práctica totalidad de instituciones internacionales. Total, “ese hombro” de la oposición que reclama el Presidente debe estar demasiado ocupado en redactar un BOE paralelo: curiosa doctrina la del señor Zapatero según la cual la oposición es responsable del gobierno. Tampoco sus líderes políticos confían ya en Zapatero. Baste observar el estado en que tenía la Nación cuando llegó al poder hace poco más de cinco años, y su situación actual.

Pero en una cosa sí tiene razón el señor Zapatero. Gobierna quien gana las elecciones; en este caso, el PSOE -aunque en ocasiones no lo parezca-. Si el PP quiere optar al Gobierno, que proponga una moción de censura, pero que lo haga cuando sepa que tiene el respaldo suficiente. Hasta ese preciso momento, las insinuaciones y rumores sobre un supuesto adelanto electoral no benefician a nadie. Y de lo que ahora se trata es de sacar a España de la situación en la que está, no de hacer demagogias baladíes. Si el estado de la Nación es fiel reflejo de lo que ayer aconteció en el debate sobre el Estado de la Nación, mal vamos.

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