Opinión

La serpiente

Reyes de Gregorio | Jueves 13 de marzo de 2008
Ya sé que no es del todo correcto mentar a la bicha pero la verdad es que el pobre animalito ha venido cargando con un montón de prejuicios desde que el mundo es mundo.

Para empezar, la serpiente aparece ya en el mismísimo Génesis tentando a la primera mujer. La serpiente, que en hebreo es del género masculino, logró seducir a Eva prometiéndole vida eterna y conocimiento. Sobre esto hay un montón de explicaciones que van desde lo psicoanalítico y sexual, hasta que en realidad se trataba del propio Diablo disfrazado, aunque Satanás aún no fuese la personificación del mal como más tarde. Curiosamente, en el Corán, no es la serpiente la que irrumpe en el Paraíso sino Satán, quién tienta a nuestro primeros padres con el árbol de la Eternidad.

Antes incluso de los relatos bíblicos, encontramos a la serpiente en la Epopeya de Gilgamesh y en este aventurero relato babilónico es la bicha y no el hombre quien logra la eternidad al robarle al héroe, en un descuido, la planta de la inmortalidad. Desde entonces la serpiente
muda la piel como símbolo de renacimiento e infinitud.

De aquellos lejanos días a los nuestros, la pobre y arrastrada culebra no ha sufrido más que contrariedades que la han ido cargando de mala fama. En su defensa diré que aunque para muchos sea el símbolo de la muerte, también lo es de la medicina y la salud y por lo tanto de la vida. Así, aparece en el bastón de Esculapio una sierpe enroscada a una vara roble, lo mismo que en el báculo de Hermes, emblema de las farmacias. La serpiente, en fin, fue incluso objeto de veneración en muchas civilizaciones, como la azteca, la maya y la cretense y lo es todavía en Oriente, donde se la considera a menudo un animal sagrado, divino y protector, aparte de sabrosa especialidad culinaria.

Ahora bien, si lo que quieren ustedes es ver una serpiente realmente insinuante y seductora, no se pierdan el baile de la serpiente de Debra Pager en la película "La tumba india" de Fritz Lang.

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