Sábado 17 de julio de 2010
Tras un intenso debate marcado por los enfrentamientos entre el Ejecutivo de Cristina Fernández de Kirchner y la oposición e iglesia argentina, se aprobó en el Senado con 33 votos a favor versus 27 en contra, el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Una normativa que genera un verdadero precedente en América Latina por ser el primer país de la región que introduce dicha legislación.
Con la irrupción en 2002 de la Ley de Unión Civil de Buenos Aires, comenzó a plantearse entre diversos sectores de la sociedad argentina el dilema que supone una jurisdicción de este tipo. Para los que están a favor de la iniciativa, la misma significa un avance y la modernización del pensamiento latinoamericano, a la vez que una reivindicación de los derechos civiles. Mientras que grupos como la Iglesia u otras comunidades religiosas, ven en este tipo de uniones una acción contra natura que altera e incluso amenaza, los valores fundamentales de la sociedad. Por fin, existe un grupo no desdeñable de ciudadanos que, siendo partidarios de reconocer la unión con todos sus derechos, objetan que se denomine como igual una unión que es de naturaleza distinta según los propios ciudadanos que la practican.
Pero más allá de las opiniones encontradas que genera esta ley, no cabe duda que desde el punto de vista legal sienta un antecedente en una región bañada muchas veces por los tópicos culturales. Tanto en el país de los gauchos como en tierra de los charros (México), comienzan a darse los primeros pasos para otorgarle un estatus jurídico a las parejas del mismo sexo que deseen formalizar su unión. Argentina ha sido la primera en plantarse firmemente al respecto, por lo que no es de dudar que la nación azteca o Chile,- como bien insinuó hace unas semanas su presidente Sebastián Piñera-, comience a valorar seriamente el tema a nivel del Congreso.
Habrá que esperar la cola que traerá la medida y si de verdad podría generar una “reacción en cadena” en toda la geografía americana. Entre tanto, en el país austral unos saldrán a las calles a celebrar el triunfo del “arco iris”, mientras otros deberán hacerse a la idea de que hasta las leyes pueden “salir del armario”.
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