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Víctor Ullate: "He formado tan buenos alumnos que ya es hora del relevo"

entrevista

Jueves 13 de marzo de 2008


Después de estudiar con María de Ávila e iniciar su carrera profesional con Antonio Ruíz Soler, se incorpora en los Ballets del Siglo XX bajo la dirección de Maurice Béjart que en 1978 crea para usted Gaité Parisienne, basada en su biografía, en la que usted interpreta el papel del propio Béjart... Pero lo que mucha gente no sabe es cómo convenció a Béjart para que le viera bailar...

Bueno, eso fue estando con el Ballet de Antonio. Sabía que había una compañía muy importante que se llamaba Los Ballets del Siglo XX y en la que habían contratado a varios españoles. De eso me enteré un domingo y era el último día de espectáculo de la compañía... Yo, sin tener noción de la obra, me presenté en el Teatro de La Zarzuela hacia las ocho menos cuarto. Vi a un hombre sentado en el centro del escenario y le pregunté si era Béjart; me dijo que sí y le pedí que me viera bailar aunque faltaban pocos minutos para que ellos tuvieran que salir a escena. Yo tenía entonces unos 16 años y supongo que le caí en gracia, así que me pidió que subiera al segundo piso para enseñarle qué podía hacer; empecé a bailar y me dijo "espera, no te canses más y baja del escenario". Seguí bailando y cuando acabé toda la compañía me dio una ovación. Béjart me dijo que me quedara a ver la función y que luego hablaríamos. Al acabar me dijo que en ese momento no tenía una plaza libre y que además me veía un poco bajito. Le respondí "ya sé que soy bajito, pero el bajito va a dar que hablar... ¿para eso me ha hecho esperar toda la función?". Él se rió a carcajadas y me dijo que en quince días tendría un contrato. Y eso fue lo que pasó.

Ha afirmado que una de las personas con las que más le ha emocionado compartir escenario fue con Rudolf Nureyev, que le reclamó para bailar en el antiguo English National Ballet ¿Cómo fue aquella experiencia?

Aquella experiencia fue bonita. Por aquel entonces Béjart no invitaba a nadie, pero en este caso hizo una excepción y apareció el gran Nureyev, que yo había visto en mis años de alumno en los cines como corsario con Margot Fotaine. Cuando salí de ver aquella película me fui a casa bailando y dando brincos. Entonces, claro, ver a esa persona en la misma sala que yo, trabajando a la vez... Yo he sido un bailarín que he tenido muy buena técnica y muy buenos giros y Nureyev envió a otro bailarín a decirme que tenía que enseñarle a girar…Yo me quedé alucinado, me eché a reír y después de la clase me acerqué a él y le di las gracias por el piropo. Le dije que él era un magnífico bailarín y que yo no podía enseñarle nada. A partir de ahí entablamos una amistad y le dije "me encantaría bailar alguna de tus versiones de ballet clásico". Él no dijo nada y al cabo de un mes me llegó una carta de Beryl Grey, directora del London Festival Ballet, en la que decía que Nureyev me invitaba a bailar su versión de La Bella Durmiente-El Pájaro Azul, pero que no obstante, ella quería verme. Acudí a Londres y recuerdo que ensayaban en un antiguo escenario, allí bailé, tuve una ovación por parte de los bailarines y entonces me dijo que tenía que ir para ensayar y que en enero estrenaríamos en París La Bella Durmiente con Rudolf. Bailé, pero tuve la gran fatalidad de romperme el tendón de Aquiles en una de las funciones. Son gajes del oficio.

En 1979 el gobierno español le encomienda la formación de una compañía de ballet clásico y en 1983 crea la Escuela que lleva su nombre "CENTRO DE DANZA VÍCTOR ULLATE" ¿Cómo se crea una escuela de danza? ¿Qué hace falta?

Hace falta saber qué es lo que quieres hacer. Para mí fue duro porque tuve que dejar de bailar y de viajar. Yo no sabía cómo iba a funcionar aquello. A lo largo de mis años como maestro he tenido siempre esa severidad que uno tiene con uno mismo. Mientras fui bailarín fui muy riguroso, me peleaba conmigo y en la enseñanza me ha pasado igual. Con los alumnos te vas formando como maestro y vas desechando lo que no te gusta, vas formando tu propio criterio sobre las cosas, sobre la forma de enseñar…Quieres que España tenga una cantera de bailarines magníficos porque hasta ese momento no la había. Entonces empecé a crear, a formar figuras. De mi escuela han salido, y siguen saliendo bailarines magníficos.

¿Aprende de sus alumnos?

Muchísimo. Aprendes a saber decir las cosas, eres un poco psicólogo porque unos alumnos te entienden de una manera, otros de otra, a unos les gusta que les exijas...

Premio Nacional de Danza, Medalla de Oro de las Bellas Artes o Premio Max de Honor por su trayectoria entre otros muchos galardones ¿Cuál ha sido el mejor premio que le ha dado la vida?

Muchas cosas. Tengo unos hijos y unos amigos estupendos, tengo la danza, el reconocimiento a nivel mundial y sobre todo el premio del público. Ahora la compañía está en Francia y Eduardo Lao (director artístico) me decía "Víctor, no sabes el éxito que está teniendo Samsara, hemos tenido que levantar un montón de veces el telón" y eso te da credibilidad para saber que estás en el buen camino, saber que lo que haces gusta, llega y motiva a los seres humanos.

"Cuando nos sentimos responsables, implicados y comprometidos, experimentamos una profunda emoción, un gran valor". Esta es una cita del Dalai-Lama proyectada en Samsara ¿Es esta frase una máxima en su vida?

Hay muchas... y a lo largo de este ballet hay ofrendas de maestros budistas que dan mucho qué pensar. Ahí siempre está el eo, el yo; porque yo hice, porque yo haré... Tenemos que dejar el ego del ser humano y ser un poco mejor cada día. En este ballet yo quiero concienciar a la gente de la situación en que estamos y sobre todo de que no estamos haciendo nada por ello. Es un ballet que también te hace pensar.

¿Sigue pensando que hay que llenar un hueco en el ballet clásico de nuestro país?

Hace treinta años no había nada. Lo comenté cuando me entregaron el Premio Max de Honor porque me lo dieron en el Lope de Vega de Sevilla, donde fuimos a bailar la primera vez cuando yo era director del Ballet Nacional y había dieciocho espectadores. El director me dijo "Víctor puedes suspender si quieres, porque hay más bailarines que espectadores". Yo dije que no, que le debía un respeto a esas dieciocho personas y que además sabía que esas personas iban a volver a ver danza. Hemos ido a cada rincón de España y eso ha hecho que haya un entusiasmo y un público. Cuando el Ballet de Víctor Ullate va a cualquier sitio, los teatros se llenan, y eso no es fácil. Ahora con Beethoven en el Albéniz hemos tenido diez días a teatro pleno. A la gente le das cosas que les gusten y se hacen amantes de la compañía.

Hace ocho años se crea La Fundación para la Danza Víctor Ullate ¿Qué proyectos se llevan a cabo desde la Fundación?

Intento hacer felices a los niños que hacen danza, en este caso son niños de centros de acogida. Se les enseña qué es la danza, qué es lo que se siente bailando, la música... como terapia les va fenomenal. También estamos dando becas a niños de familias de nivel adquisitivo bajo. Esto es en Alcobendas, en Alcorcón estamos llevando a cabo el Ballet Mestizo. Este proyecto es costoso porque tenemos veintidós niños y próximamente tenemos más audiciones para coger en total cuarenta. Nos interesa que sean hijos de inmigrantes para que junto con los españoles se viva la integración, la convivencia... ya se están viendo unos resultados fantásticos. Se les lleva a teatros, a conciertos, se les da clases de música de pintura... Queremos que tengan una gran escuela para hacer lo que les gusta.



De su hijo, Víctor Ullate Roche, también bailarín, ha dicho que "está orgulloso de cómo es, como bailarín, como artista, como persona y como amigo. Es mi orgullo y no hubiese querido que fuese otra cosa sino lo que es" ¿En qué se parecen padre e hijo?

En muchas cosas; tenemos los mismos gustos. Es una necesidad, nos llamamos casi todos los días, nos contamos nuestras cosas… es como un amigo. Yo le tengo muchísima admiración porque me hubiera gustado cantar como él, tiene una voz de tenor preciosa. También me hubiese gustado ser actor como él. Mi hijo Víctor es todo lo que a mí me hubiera gustado ser. Como padre, verle triunfar es maravilloso.

…Y hablando de su hijo, Víctor es el director de la Academia de "Fama", concurso de baile que emite Cuatro... ¿Qué opina sobre este tipo de programas?

Me parece muy bien, muy interesante. En este país los artistas siempre hemos tenido muy mala fama y el público siempre ha creído que el bailarín es una persona que se lo pasa genial y no saben el esfuerzo, la entrega y la cantidad de horas que supone el hacer de tu cuerpo un instrumento de trabajo. Supone un esfuerzo físico y mental increíble. Este programa tiene fondo, no es como otros.

¿Qué siente cuando ve bailar a Tamara Rojo o a Ángel Corella?

Me has nombrado a dos a los que quiero muchísimo y además son dos estupendos bailarines, pero también hay otros como Lucía Lacarra, Joaquín de Luz... que son maravillosos. El otro día estuve viendo a Tamara Rojo en El Real y me emocioné. Es una satisfacción que no te puedes imaginar, son como hijos míos. Hay unos que son más agradecidos que otros y que siempre están en contacto, otros que ni te llaman... pero yo sé que están ahí y que están triunfando. Para mí es un placer, porque yo viví su ilusión.

¿A qué Víctor le quedan más cosas por hacer, al que baila o al que le encanta pintar?

Pintar es una faceta que siempre me gustó, lo que pasa es que de pequeñito mis padres económicamente no estaban muy bien y me dijeron "tienes que elegir entre la danza o la pintura", y la elección fue fácil, aunque siempre tuve esa espinita clavada. Ahora estoy tomando clases de pintura y me lo paso muy bien. Ya estoy mirando al futuro; he formado tan buenos alumnos que ya es hora de que cojan el relevo.

La Primavera Cultural de Roquetas de Mar le espera… ¿Con qué sorprenderá a los almerienses?

Vamos con Samsara. El público de Almería es un público muy caluroso, en general el de toda Andalucía. Eso de que te aplaudan a ritmo de tanguillo, es único y me encanta.

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