Mundo

¿Podrá Paquistán liberarse del cepo islámista?

Un enclave del fundamentalismo

Jueves 13 de marzo de 2008
Los clérigos fundamentalistas dominan el país en la sombra pues administran la fortuna que Arabia Saudí, primer exportador de petróleop del mundo y líder de la OPEP, emplea para garantizar la estabilidad y permanencia del Islam en Paquistán. Esta sociedad radicalizada confluye en las madrasas donde se omitía la enseñanza de disciplinas modernas y proporcionaba a los líderes el poder sobre unos jóvenes motivados dispuestos a ser lanzados en la dirección deseada.

Arabia saudi está dispuesta a comprar el país. Al alejar la guerra de sus fronteras, logra extender su tendencia radical sin sufrir víctimas. No importa que el inquilino, Paquistán, sea incapaz de sobrevivir a esa batalla de la ni siquiera conoce su razón de ser. La sangre inocente se emplea como moneda para comprar la ideología de la gente. Aquellos que la derraman aspiran a la imposición de la ley islámica en el país, a establecer la hegemonía de una de las ramas de la religión musulmana o a desestabilizar al Estado para ver aumentado su poder. Para algunos, el fin justifica los medios.

Además, la influencia de la guerra que desintegra Afganistán desde hace más de dos décadas ha sido devastadora para Paquistán. La guerra contra el terror –impulsada por Estados Unidos como consecuencia del 11-S- llevó a Paquistán al centro de la escena de la lucha antiterrorista. La confusión se apoderó de los paquistaníes que, después de verse obligados a apoyar a los pasthunes en la lucha contra la Unión Soviética durante la guerra fría, ha tenido que enfrentarse a los miles de afganos que se refugiaban en su territorio y que traían consigo un fuerte sentimiento antiamericano.

La situación de Afganistán proporcionó fácil acceso a las armas a estas milicias de inspiración religiosa grupos de inspiración religiosa. Dado que Paquistán comparte 2240 kilómetros de frontera con Afganistán se involucró directamente en esa guerra. Poco tiempo después, la “cultura Kalashnikov” se impuso en buena parte del país. Entonces, se empleó la religión como fuerza movilizadora contra la invasión soviética apoyados financiera y armamentísticamente por Estados Unidos. Pero cuando la guerra terminó los países de Occidente dejaron a su suerte a los países de la región dejando a Paquistán y Afganistán que resolvieran sus problemas.

Como consecuencia del 11-S el sentimiento antiamericano promovido por los partidos religiosos salió beneficiado llegando incluso a gobernar en una de las cuatro provincias que conforman el país. Se convirtieron en el tercer grupo parlamentario y pudieron imponer la sharia (ley islámica). La intervención del entonces jefe del Ejército, Pervez Musharraf, logró evitar la imposición de la sharia en todo el país. De no haber sido por el golpe de Estado, el ex primer ministro Nawaz Sharif, habría dado rienda suelta a la ley islámica en todo el país.

Aunque no se puede considerar al país como terrorista, Paquistán es un enclave del fundamentalismo islámico donde la tendencia radical de la religión musulmana se apodera de la mente de muchos jóvenes que terminan por sucumbir al odio y a la sed de venganza que les han inculcado desde críos.

Si el extremismo religioso nace en las madrassas, ¿por qué no erradicarlas?

Cabe recordar que se trata del sistema de educación “pública” con que cuenta el país y que es el único modo con que millones de paquistaníes cuentan para estudiar. Reduce el nivel de analfabetismo y evita que los jóvenes se vean obligados a trabajar en puestos poco cualificados al carecer de educación.

Dicho esto, las consecuencias de eliminar la extensa red de madrasas del país serían, ciertamente, catastróficas. Una ola de violencia, más sangrienta que la que mina el corazón del país, se apoderaría de él.

Paquistán pide cambio

La alta participación de las últimas elecciones y el contundente rechazo a los clérigos islámicos como muestra de su repulsa a la violencia, refleja las aspiraciones del pueblo de lograr una democracia.

A pesar de contar con uno de los índices más elevados, si no el mayor, de violencia del mundo, la sociedad paquistaní ha dejado clara su voluntad de cambio. La población, cansada y desesperanzada, sólo quiere llevar una vida normal. Ardua tarea, sin duda, en un país acechado en todo momento por la sombra de la muerte.

TEMAS RELACIONADOS: