Antonio Meza Estrada | Martes 20 de julio de 2010
Pocas personas se dieron cuenta de que familias, comunidades enteras migraban entre ambos países… eran los años sesenta y una mujer activista del norte de California se dedicó a organizarlos y buscarles servicios sociales. Arlene Dorm dedicó su tiempo y recursos a enlazar primero y establecer después, un programa de intercambio informativo entre maestros y escuelas a favor de los niños migrantes de Gómez Farías en Michoacán y Pájaro Valley en California.
En paralelo, las autoridades educativas de California desarrollaban un sistema de enlace telefónico para intercambiar información sobre los niños, hijos de padres migrantes. En esa época, 13 estados de los EUA acuerdan intercambiar información y son detectados alrededor de 390 mil niños migrantes en educación básica: el 70% de ellos de origen mexicanos y la gran mayoría hispano –migrantes también de Centro y América del Sur.
Las autoridades educativas de esas entidades norteamericanas desarrollan el MSRTS –Migrant Student Record Transfer System-, una especie de pre-internet, enlace vía telefónica para intercambiar información educativa y de salud de los niños que en aquellos años se movían con sus padres siguiendo las oportunidades laborales en los campos agrícolas de Norteamérica.
Así, en el invierno, sus padres iban a levantar la lechuga en el sur de California, luego se iban al norte a recoger frutas y luego viajaban a otras entidades para trabajar en distintos tipos de cosechas o actividades pecuarias –cuidado de ganado y ordeña-: todas esas, actividades estacionales.
Arlene se dio cuenta que en esos cambios los niños perdían la continuidad de sus estudios. Además de la carencia del idioma inglés, se causaban interrupciones por cada cambio de localidad dentro de los Estados Unidos. Sin embargo, detectó que las familias de jornaleros agrícolas que llegaban a Pájaro Valley permanecían unos meses y luego regresaban a Gómez Farías en Michoacán y que acá no se les facilitaba reingresar a la escuela.
Después de dialogar con los maestros norteamericanos y con los padres de los niños migrantes organizó una delegación que visitó las escuelas de Gómez Farías, dialogó con los maestros y establecieron un acuerdo informal para que cuando los niños regresaran de California, recibieran servicios educativos.
Ese fué el origen, a finales de los años sesenta del programa Migrante de servicios educativos entre entidades norteamericanas y mexicanas. Luego vino la formalización entre autoridades de ambos países.
ameza@mexico.com, www.antoniomeza.com
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