Opinión

Afganistán aspira a la normalidad

Miércoles 21 de julio de 2010
La conferencia internacional de Kabul sobre Afganistán concluía ayer con más optimismo que otra cosa. Pero, al menos, parece que empiezan a perfilarse algunos aspectos importantes, como la posible fecha de retirada de las tropas internacionales o la necesidad de profundizar en alternativas que permitan a los talibanes reintegrase a una sociedad que es la suya. Nada de esto es posible de momento, y son muchas más las sombras que las luces en lo que se refiere a corrupción, derechos humanos o viabilidad económica. Conviene recordar que Afganistán es un país con un tejido productivo prácticamente nulo y que, aparte de apuntalar la seguridad, es tanto o más importante proporcionar a la población civil un modo de ganarse la vida.

Lo peor de la tutela internacional es que ciertos males endémicos como la corrupción se han enquistado aún más, en parte porque se ha priorizado en exceso la seguridad, y en parte también porque la forma de actuar de los llamados “contratistas civiles” ha dejado bastante que desear. No obstante, parece que ahora se intenta enmendar errores pasados, lo cual es siempre una buena noticia. Y sí, cierto que Karzai y su equipo no son un dechado de virtudes, pero son lo único que hay para sacar el país adelante. O ellos o los talibanes. El horizonte de líderes democráticos viables en Afganistán es tremendamente escaso; es lo que hay. Razón de más para hacer un esfuerzo de confianza y dar a los afganos la oportunidad que merecen. Pero sin abandonarles a su suerte. Hacerlo demasiado pronto sería fatal; echaría por tierra todo el trabajo llevado acabo durante los últimos nueve años. Y pondría en bandeja a AL Qaeda una victoria moral de impredecibles consecuencias.

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