Rafael Ortega | Domingo 25 de julio de 2010
¿Qué dirá el Papa en su próxima visita a España?. Esta pregunta se la están haciendo en bastantes círculos de poder e influencia de nuestro país, dada la situación delicada que se vive a consecuencia de las últimas disposiciones socialistas en temas que afectan directamente a la dignidad humana y como no a asuntos referidos a la política general, pero que pueden tener derivaciones graves.
6 y 7 de noviembre son las fechas escogidas y pactadas para la segunda visita a España de Benedicto XVI con las etapas de Barcelona y Santiago de Compostela. Y digo pastadas, porque el viaje, en su conjunto, ha tenido que ser negociado punto por punto no solo con la Iglesia de nuestro país, sino con el gobierno, puesto no hay que olvidar que el Papa es un Jefe de Estado y como tal será recibido en España. Es cierto que los Arzobispados de Barcelona y de Santiago de Compostela han tenido y tienen que ver mucho en el viaje pues las invitaciones primeras partieron de ellos, pero nos consta que el Papa quiere que este viaje no sea solo etapas con encuentros multitudinarios. Benedicto XVI quiere algo más y ese “algo más” se va a concretar en los discursos que va a pronunciar. Discursos que están siendo elaborados y algunos de los cuales han sido hechos llegar al gobierno español a través de la Embajada de España en el Vaticano, pues por cortesía diplomática deben conocerse los puntos principales de las palabras que tanto el Papa como el Rey pronuncien en los actos oficiales que ambos coincidan, como serán la llegada y salida de Benedicto XVI de España. Cosa distinta serán los discursos que el Pontífice pronuncie en otros actos, como la Consagración del Templo de la Sagrada Familia, en Barcelona, o el encuentro en la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela. Estos dos serán los puntos clave de la visita. En el primero, ya se habrán celebrado las elecciones en Cataluña y con posiblemente otra mayoría gubernamental en esa autonomía, el Papa hablará de la gran “significación católica de Cataluña en particular y de España en general” y de la importancia que esa catolicidad tiene y tendrá para la defensa de la dignidad humana en nuestro país, en la que Cataluña tiene un papel especial. Además, seguro que el Papa hará un llamamiento a la Iglesia catalana que vive momentos delicados con “tiras y aflojas” con la Conferencia Episcopal Española. Un llamamiento que se concretará en “trabajar juntos por bien de todos”. Después vendrá la etapa gallega y allí como final del peregrinaje el discurso será otro, pues habrá palabras para la juventud, que tendrá su cita en agosto del próximo año en Madrid, recordando el encuentro que tuvo lugar en Santiago en 1989, y hablará a Europa y de la necesidad de conservar las raíces cristianas.
Serán dos etapas muy diferentes y con situaciones que tendrán que ser tratadas muy delicadamente. Seguro que los Reyes estarán en la acogida y despedida del Papa. Seguro que el Presidente del Gobierno estará también en Barcelona y deseamos que esté también en Santiago, para que no suceda como en Valencia hace cuatro años, cuando Zapatero no acudió a despedir a Benedicto XVI al aeropuerto de Manises. A Zapatero no le convienen quiebros de esta clase porque ahora los momentos son diferentes.
Esperemos que el viaje sea pues un éxito y esperamos que haya algún que otros “tirón de orejas”. Eso es lo que se está estudiando minuciosamente en la Secretaria de Estado vaticana. Tirón de orejas, pero con “finezza”.
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