Madrid

Tomás Gómez, de delfín de Zapatero a la cuerda floja de la política

Los Desencuentros con Ferraz y las encuestas le alejan de sus aspiraciones

Sábado 31 de julio de 2010
Trinidad Jiménez, Ángel Gabilondo, Jaime Lissavetzky y hasta Beatriz Corredor. Tomás Goméz asiste al afloramiento de rumores que hablan de su muerte en la orilla, de perder la opción de presidir Madrid en el momento de la verdad después de varios meses en el empeño. Todo se desmorona. De delfín de Zapatero y azote de Aguirre a cuestionado líder en el PSOE e insuficiente alternativa al PP en intención de voto. Sin embargo, él codea, se defiende y reta. Dice saberse ganador de los comicios e invita a sus críticos a someterse a unas primarias. Pero no es suya la decisión final.

Tomás Gómez no titubeó al ser preguntado por EL IMPARCIAL en una entrevista por su relación con José Luis Rodríguez Zapatero: "Muy buena. Es el presidente del partido, es mi jefe político y le considero un amigo. Zapatero apoya que en Madrid se produzca el cambio". Era 2008.

Gómez, alcalde de Parla entre 1999 y 2008 y secretario general del PSM desde 2007, fue un soplo de aire fresco para el socialismo en la Comunidad de Madrid. No sólo se erigía en revulsivo de su partido después de los traspiés de Joaquín Leguina, Cristina Almeida y Rafael Simancas frente a Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre más tarde. Este dirigente, alto, bien parecido y con ciertas similitudes físicas con el presidente del Gobierno, llegó a primera plana con un halo de triunfador, llegado desde la política municipal como el alcalde más votado de España durante dos legislaturas. En 2007, un año antes de esa entrevista en la que aún reconocía abiertamente a Zapatero como un amigo, Gómez era la viva imagen de la renovación en el PSM, del principio del fin del fracaso tras fracaso socialista en Madrid y de una persona que difícilmente escaparía ya de la órbita de poder en Ferraz. En 2010, a las puertas de las autonómicas, el camino andado puede haber sido en vano. Ese halo se desvanece.

Su marcha de Parla le costó algún que otro disgusto, pero el ascenso bien merecía tragarse las lágrimas. Ahora se encuentra en un camino sin retorno y con algún que otro desfiladero. No son pocos los frentes que se oponen a su candidatura, y mucho menos débiles. ¿Qué sería de Tomás Gómez si la dirección nacional del partido le aparta de sus aspiraciones? Es un dato que se desconoce, no así que los movimientos desde arriba para moverle de la silla han sido discretos pero reales y numerosos.

José Blanco, en calidad de pez gordo del PSOE, ha declarado en alguna ocasión que las prioridades de la formación en las autonómicas son Cataluña, con CiU en cabeza, Andalucía, donde Arenas se llevaría el gato al agua, y Madrid, territorio popular desde hace varios mandatos. Las encuestas que maneja Ferraz no hacen esperar nada positivo especialmente en la tercera, de ahí el retraso de la elección del candidato, el lógico debate y ahora, en ambiente de dudas, dimes y diretes, el escenario idóneo para justificar distintas decisiones, una vez Gómez e incluso el propio Zapatero se han enzarzado y cruzado declaraciones.

El 'Plan A' de Ferraz ha quedado descartado. La renuncia de Gómez, dando vía libre a figuras destacadas del partido, como Trinidad Jiménez, Ángel Gabilondo o Jaime Lissavetzky. El ex alcalde de Parla se defiende y se escuda en sus propias encuestas y en un apoyo mayoritario en el seno del socialismo madrileño que este periódico ha podido corroborar. Sin embargo, los críticos en Madrid, si bien no numerosos, instan al candidato a no rebelarse y enturbiar las relaciones con la directiva federal. Es decir, a pasar por el aro con tal de no enfadar a Blanco y a Zapatero. La temperatura se eleva. “No entiendo posiciones numantinas y fundamentalistas", dijo el presidente del Gobierno en relación al fracaso de este 'Plan A'.

Ferraz no puede descabalgarle mientras él se aferre al respaldo del PSM, pero Ferraz tiene sus candidatos y busca un segundo plan, quizá ya ejecutado por el presidente del Gobierno en su amargo guiño a su “amigo”. O quizá el segundo plan pase por encender a Gómez. La mecha ya está prendida. Sólo con una guerra abierta, más manifiesta, podría ser el propio PSM el que hiciera recapacitar a su líder, reconocen fuentes socialistas. Trinidad Jiménez ya es consciente de que ocupa el primer lugar en el banquillo. El fallo estratégico, reconocen estas mismas fuentes, es no haber solventado antes, en un sentido u otro, esta batalla interna. Las elecciones se echan encima.

Blanco se muestra prudente en público, pero algunas de sus palabras tienen lecturas de lo más jugosas. “Siempre he tenido el máximo respeto por los procedimientos del partido, pero al final es el Comité Federal quien aprueba los candidatos una vez que se formulan las propuestas", explicó hace pocas fechas. ¿Por qué su insistencia en que la última palabra la tiene el triunvirato Zapatero-Blanco-Pajín y sus allegados?

Quién iba a imaginarse, allá en 2007, que Gómez correría peligro de caerse del cartel. Que Esperanza Aguirre sería menos rival, al menos de momento, que sus propios compañeros. Él pone un precio muy alto por su cabeza: "Yo soy Tomás Gómez y soy el próximo presidente de la Comunidad de Madrid”, afirmó esta semana. Moral no le falta. Pase lo que pase, habrá ruido. En las próximas semanas, sabremos si alguien ha logrado desequilibrar a Gómez en su paseo por la cuerda floja o si David vence a Goliat y, como él espera, puede plantar cara a un rival no menos inabarcable: Aguirre.

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