Opinión

La dignidad de Colombia

Miércoles 28 de julio de 2010
El rechazo que el ministro de Asuntos Exteriores colombiano, Jaime Bermúdez, ha hecho de la “propuesta de paz” que Venezuela pretende presentar hoy jueves en el encuentro de la Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR- es una necesidad para su país. Más concretamente, para su dignidad. El documento que hoy debatirán en Quito los acólitos de Chávez no es sino un brindis al sol inasumible por Colombia. Las autoridades venezolanas están muy molestas por la aparición de nuevas pruebas que demuestran su conexión con la guerrilla: de ahí que necesiten justificar ante la opinión pública iberoamericana que es Colombia quien, supuestamente, no quiere normalizar las relaciones.

No es así. Bogotá está pagando un alto precio por su lucha contra las FARC -y, por ende, contra el narcotráfico- y por haberse aliado con Estados Unidos en su intento por erradicar semejantes lacras. El problema es Hugo Chávez, ni más ni menos. El mandatario bolivariano ve cómo su país se consume en una brutal crisis económica cuyo principal culpable es él mismo, y no tiene mejor ocurrencia que utilizar al país vecino como cortina de humo. Hasta el punto de haber llegado a desenterrar los restos de Simón Bolívar para culpar a Colombia de su muerte. Lamentablemente, Chávez utiliza el petróleo para comprar el apoyo interesado de gente como Evo Morales o Cristina Fernández de Kirchner, que se pliegan a todos sus dictados. UNASUR, de hecho, se han convertido en una institución sin crédito alguno desde que Chávez mangonea a sus miembros. Es hora ya de que muchos de ellos ejerzan como naciones soberanas y llamen a las cosas por su nombre, en lugar de actuar como meras comparsas de un tiranuelo grotesco. Porque lo que hoy le pasa a Colombia, mañana le puede suceder a cualquiera.

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