Opinión

El Comandante Chávez y los fantasmas

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 31 de julio de 2010
Una de las grandes desgracias hispanoamericanas, es que, de vez en cuando, la política se llena de fantasmas. Cuando Uslar Pietri describió un continente de caudillos y visionarios, quizás debería haber incluido a los espectros. Algunos recordarán las brujerías de López Rega, la mutilación y el robo de cadáveres en la Argentina; ahí está la triste historia del cuerpo de Eva Perón, que desapareció, fue enterrado, recuperado e inhumado de nuevo en un periplo que parece de novela. ¿Hay que recordar el culto a los muertos en México y las invocaciones al General Emiliano Zapata que todavía en los años 90 podían escucharse?

El último avistamiento cadavérico ha sido en Venezuela. El Comandante Chávez dice temer un ataque militar de Colombia, pero en realidad a quien tiene pavor es a los periodistas independientes vengan de donde vengan; bueno, a los periodistas y a los abogados que el Gobierno colombiano pueda enviar a las instituciones internacionales para que se investigue el apoyo de Venezuela al narcoterrorismo. El régimen llamado bolivariano pasa por horas bajas. El precio del petróleo ha descendido y de él dependen los millones de dólares que reparte entre sus aliados. Irán tiene problemas después de las sanciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el Congreso estadounidense y la Unión Europea y acercarse demasiado puede terminar quemando al Comandante. La oposición en Venezuela y en el exilio sigue sin tirar la toalla. Desde la Iglesia católica a la alcaldía de Caracas, Hugo Chávez Frías trata de controlar las instituciones que aún son independientes. Los pocos medios de comunicación que aún quedan fuera de su control plantean una crítica a los propios fundamentos ideológicos del régimen chavista. La comida podrida en los almacenes que debería haber alimentado a las masas pobres que apoyan al Comandante son más elocuentes que cualquier columna de opinión pero alguien debe contar la historia.

Así, las críticas y los problemas se ciernen sobre el chavismo como una sudestada, esa inundación cósmica que sumerge durante días calles enteras de Buenos Aires cuando el Río de la Plata se desborda. Para contener esta riada, el Comandante sacó a pasear el cadáver de Simón Bolívar. He aquí la solución chavista: hay que abrir una tumba y perturbar el descanso del difunto. Uno ya no sabe dónde termina el humor macabro y dónde comienza la tragedia. Parece una escena escrita por García Márquez o Juan Rulfo –una ceremonia para sacar de su féretro al Libertador- pero en realidad tiene el horror de los textos de Sábato. Venezuela es uno de los países por los que transita la droga que las FARC exportan a toda Europa. La criminalidad común mata a más gente que muchos ejércitos modernos mientras la influencia islamista se extiende por todo el continente. Venezuela hoy es una plataforma del régimen iraní mientras 170 toneladas de alimentos se pudren frente a las costas de Puerto Cabello. La ideología del régimen agrava la miseria de su propia población mientras el chavismo apunta la artillería mediática contra las clases medias y los disidentes. Chávez moviliza tropas en la frontera con Colombia como si pretendieran atacarlo, pero él sabe que la batalla va a librarse en las Cancillerías, las Embajadas y las instituciones internacionales.

El Comandante debe de andar por los pasillos del Palacio de Miraflores buscando el consejo de los viejos héroes muertos en las guerras de nuestros antepasados. Como aquellos generales de las guerras de Macondo, Hugo Chávez se finge victorioso cuando todo a su alrededor va teniendo olor a derrota.

Sin embargo, es pronto para celebrar la llegada de la libertad a Venezuela. El régimen controla aún la situación política y tiene a su disposición aún mecanismos formidables de control social; entre ellos varias agencias de inteligencia que vigilan y reprimen cualquier atisbo de oposición. En esto, los asesores cubanos han sido realmente eficaces. El régimen no está solo aunque un progresivo aislamiento lo amenaza y cada vez se necesitan mayores dosis de propaganda para conseguir los mismos efectos.

En estos días, en suma, parece que al Comandante sólo el quedan los fantasmas.

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